Agroquímicos se cobraron la vida de cientos de novillos y llovieron sobre agua potable y escuelas

Todo ocurrió en el transcurso de esta semana. Y la mera acumulación de incidentes expone el grado de descontrol que reina en torno a una de las prácticas consagradas por el modelo de producción agrícola dominante.

Sólo entre el lunes y el miércoles, tres denuncias derivadas de situaciones dramáticas volvieron a poner en evidencia los efectos más nocivos que acarrea el uso intensivo de agroquímicos.

En la Argentina de la soja predominante –alrededor de 20 millones de hectáreas ocupadas sólo con la oleaginosa–, en la última década el promedio de litros de pesticidas aplicados sobre los campos promedia los 300 millones anuales. Puesto de otra forma, a razón de 7 litros por habitante.

Nuestro país aparece hoy como el estado con mayor consumo de glifosato en el planeta, siempre en términos de cantidad de población. Mientras que naciones como Estados Unidos –uso anual de 136 millones de litros– promedian 0,42 litros del herbicida por habitante, Argentina –187 millones– ostenta una pauta de 4,3 litros por cada persona que puebla nuestra geografía. Siempre en términos anuales, claro.

En cuanto a los eventos de estos días, la primera situación tuvo lugar en Villa Cañás, en la provincia de Santa Fe: un aparato fumigador fue sorprendido aplicando pesticidas en un campo lindero a una planta de tratamiento de agua.

En concreto, la que abastece de líquido potable a toda la red de la localidad.

El pulverizador regó con agroquímicos todo un sector comprendido dentro del área que la legislación local estipula como vedada de toda fumigación.

“Tomamos conocimiento de que se había estado fumigando en el lote lindero a la planta. Ahí no está permitido porque se fumiga con agroquímicos que son científicamente nocivos para la salud y con total sentido común incluimos a esa zona en el área protegida”, comentó al respecto Daniel Montaner, concejal de Villa Cañás.

Según pudo saber Adelanto 24, la fumigación en la zona lindera a la planta potabilizadora de la localidad se llevó a cabo a plena luz del día y en más de una oportunidad. Así, según fuentes locales, el vehículo pulverizador esparció agroquímicos en jornadas sucesivas durante los últimos 15 días.

Una de estas aplicaciones quedó registrada en la siguiente fotografía:

La segunda situación tuvo como víctima a una escuela rural, el establecimiento número 21 “Joaquín V. González” en el partido bonaerense de San Andrés de Giles.

Aunque el incidente se conoció recién este lunes, lo concreto es que el viernes pasado alumnos y docentes presenciaron como otra máquina terrestre aplicaba agroquímicos en un lote vecino al colegio. La tarea se extendió a lo largo de toda la jornada escolar.

Ya en agosto pasado el personal docente de la escuela y, por supuesto, los alumnos, habían sufrido un incidente similar. En aquel momento, quienes se encontraban en el establecimiento 21 reportaron severos problemas respiratorios tras la tarea del fumigador.

Lo particular del caso no resultó únicamente la actividad del aplicador.

Muy por el contrario, lo grave del asunto residió en la actitud de la Municipalidad local cuando vecinos agrupados en la organización “Ambiente Saludable SAG” elevaron una denuncia por la fumigación en horario escolar: el Ejecutivo distrital contestó que el vehículo no cometió infracción alguna en tanto circulaba con sus picos sin desplegar. Por ende, y más allá de haber pulverizado junto a las aulas, el productor no recibió sanción alguna.

El último evento impacta por el volumen de la tragedia. Según detallaron a Adelanto 24 fuentes locales, un total de 212 novillos murieron en un campo de Ingeniero Luiggi, en la provincia de La Pampa, tras beber agua contaminada con el herbicida paraquat.

La mortandad del ganado, propiedad de Sergio Franchetto, derivó de la rotura de la bomba de un vehículo fumigador que habitualmente cargaba agua del mismo tanque australiano que abastece los bebederos. “La fumigadora cargó agua del tanque, se le hizo retorno y contaminó el agua”, reconoció el productor.

El escenario de principios de esta semana, ocurrida ya la ingesta del herbicida:
El grueso de los novillos pereció ante los ojos del mismo Franchetto, quien sostuvo que al acercarse al tanque se encontró con que el químico había dotado al líquido de una coloración azul intensa.

Los animales muertos fueron arrojados a una fosa y luego enterrados. El productor estimó en 2 millones de pesos las pérdidas originadas por la contaminación.

El paraquat es el ingrediente activo del gramoxone, uno de los herbicidas que en mayor cantidad produce la europea Syngenta.

Aplicado en combinación con herbicidas como el glifosato, el paraquat aparece como una herramienta vital para el control de las malezas que compiten con la soja por agua, nutrientes y luz en los campos. Igualmente, en la Argentina se lo aplica previo al cultivo de maíz, trigo, algodón, arroz, tomate, alpiste, sorgo, caña de azúcar e, incluso, yerba mate.

Un documento de la norteamericana EPA traducido al español, al que tuvo acceso Adelanto 24, brinda detalles del lado oscuro del producto.

“Aunque en los Estados Unidos, el paraquat es un pesticida de uso restringido en la mayor parte de sus formas y usos, su uso generalizado conlleva un gran potencial para el mal uso y para los envenenamientos accidentales e intencionales. Durante las últimas décadas, el paraquat ha sido un químico popular utilizado en suicidios…”, precisa el texto.

En la Argentina se vierten de forma anual más de 1,5 millones de litros de paraquat, con epicentro en aquellas zonas en las que se cultiva soja.

Una planta potabilizadora de agua. Una escuela. Cientos de cabezas de ganado. Apenas basta una semana de examen para volver a poner sobre el tapete la ausencia de controles sobre los insumos de mayor riesgo sanitario que se aplican hoy en todo el mapa agrícola de la Argentina.

El silencio de las autoridades, más allá de las lamentaciones privadas, habla por sí solo de la decisión de mantener un status quo cuyas consecuencias negativas agigantan su visibilidad prácticamente a diario.

Los límites, aunque las tragedias abundan, continúan brillando por su ausencia.
Fuente: adelanto24.com

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