Cada vez más jóvenes extranjeros se mudan a Rosario para estudiar en la univerisdad

La ciudad es protagonista de la llegada de estudiantes extranjeros hacia las facultades locales. Ya sea por economía, mejores condiciones de enseñanza o para realizar sueños pendientes, el número de estudiantes que provienen desde el exterior es cada vez mayor.

Sólo en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) ya se encuentran inscriptos de manera definitiva 728 extranjeros, de un total de 10.174 alumnos que comenzarán a estudiar este año alguna de las 12 carreras que dicta esta casa de altos estudios. Medicina aventaja, y con creces, a las demás: posee 538 nuevos alumnos foráneos, sobre 2.630 inscriptos.

Es común salir a recorrer las calles de la ciudad y encontrarse con grupos de gente extranjera, algo que le aporta una mirada abierta y una faceta multicultural a Rosario. Muchos de ellos son jóvenes que deciden emigrar desde sus países para venir estudiar a la ciudad. A pesar de que no se cuenta con planes de atracción para que los estudiantes se sientan seducidos para venir a Rosario, son ellos mismos quienes se deciden por la ciudad para completar sus carreras de grado y pregrado.

Entre los argumentos que más se mencionan se encuentra la buena distribución que tiene la ciudad, ya que permite que muchas cosas se puedan hacer en el radio céntrico y a pie, y el prestigio con el que cuentan algunas casas de estudio locales.

La UNR posee dos etapas para anotarse a las carreras que dicta: una de preinscripción, que se realiza por internet, y otra definitiva que se lleva a cabo personalmente. El número de la última instancia determina la cantidad de estudiantes que cursarán este año. Así, hoy día, ya se encuentran inscriptos de manera definitiva cerca de 800 extranjeros.

De estudiantes y aventureros. Diego Nobre es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario; pero, por sobre todo, un trotamundos. “Terminé la secundaria en Estados Unidos por un intercambio, trabajé en un crucero que recorría las costas de Brasil y de Europa y estuve un año en Rumania como voluntario para trabajar con niños de escuelas rurales”, cuenta este joven que se vino en el 2012 desde Santos (una ciudad costera a 70 kilómetros de San Pablo) “por aventura” y para estudiar en la Siberia rosarina.

Su vida habitual, como estudiante y como empleado de una empresa de desarrollo de software, hacen que su acento se haya tornado bastante criollo. En su casa, los reproches no tardan en llegar: “Cuando voy, me cargan porque se me escapan palabras que se dicen acá. Ya estoy acostumbrado”. Además, advierte que no estudia con ningún compatriota, algo que le dificulta la posibilidad de recordar costumbres y de seguir manteniendo vivo el idioma portugués; según dice, cada vez se le complica un poco más para hablarlo.

A lo que también le tomó el gusto es a vivir en la ciudad, en la cual ya ha encajado a la perfección: trabaja de día y cursa de noche. Se decidió por Rosario porque “tenía amigos viviendo acá. Me comentaron cómo era la ciudad: que era linda y que estaba todo cerca, a diferencia de Buenos Aires. Me informé y me convencí” y también resalta la importancia de la carrera que se dicta en el edificio de Ciencias Políticas: “Vi que la carrera en la UNR era de las mejores, por eso me decidí. Aparte, el hecho que sea pública y abierta favoreció muchísimo a mi decisión”, sostiene.

Como Diego, muchos estudiantes deben trabajar a la par de sus estudios para poder mantenerse. El cuenta que gracias a los ahorros que logró en su trabajo en el crucero pudo venirse a estudiar a Argentina. “Allí la carrera es muy popular y hay mucha oferta. Pero me tenía que mudar lejos y sentía que después de viajar tanto, en Brasil ya no encajaba. Por eso decidí embarcarme hacia acá”, asevera quien, según cuenta, no planea volver a su país, pero tampoco quedarse en este. Aunque asegura que Argentina es su segunda casa y le debe mucho al país.

Dejar todo por los sueños. ¿Y qué hay cuando se decide dejar todo y comenzar una “nueva vida”? Muchas veces, hay casos en los que ya se tiene la vida “armada” y muchos jóvenes ya cuentan con empleo y carreras bajo el brazo. Pero también una buena cantidad de valientes decide “largar todo” e ir por sus sueños.

Así fue el caso de Gabriela Camargo, una estudiante brasileña de 24 años que, con un título asegurado y un trabajo estable, decidió virar el timón hacia lo que siempre fue su sueño: la medicina.

“Llegué el 25 de enero de 2015”, recuerda, casi como si fuese la fecha de un nacimiento, la joven proveniente de San Pablo. Aun intentando mejorar el español, cuenta cómo la decisión de cumplir su sueño dio un vuelco radical en su vida. “Tomé clases de español en la facultad, durante el cursillo. Después seguí por mi cuenta”, aclara y agrega datos a su historia: “Me gradué en comercio exterior en Brasil. De hecho, estaba trabajando allí. Pero, de un día para otro, dejé todo y decidí arrancar medicina”.

No fue un impulso: ella siempre quiso estudiar medicina. “Algunas complicaciones en mi familia me lo impidieron”, argumenta sobre su negativa para estudiar la carrera de entrada. Pero, al momento de iniciarse en su país, no todo fue tan fácil: “Empecé a hacer cursillos de ingreso allá. Había chicos que cursaban conmigo que estaban intentando entrar desde hacía cinco años, tanto en instituciones públicas como privadas”.

La ecuación justifica el por qué de que es tan complicado ingresar a las facultades: según Gabriela, las privadas llegan a costar hasta 8.000 reales mensuales y, de allí, surge la gran demanda para conseguir un cupo en la facultad pública.

Apareció una chance, y no la desperdició. “Nunca tuve en mente estudiar en otro país”, asegura y revela que el nexo estuvo en “una amiga que estudia acá, y que ya está en cuarto año de Medicina. Me comentó de la buena educación que hay en la ciudad” por lo que “hablé con mi familia, me comprendieron y me ayudaron en todo momento”; aunque tampoco deja de lado el hecho que analizaron hasta el más mínimo detalle antes de embarcar hacia la ciudad.

Ya en Rosario, se decidió por el Instituto Universitario Italiano de Rosario, perteneciente al hospital homónimo. Aunque, respecto a sus lugares de residencia, cuenta que cambió tres veces en un año de departamento porque considera que es “muy complicado encontrar un buen lugar a un precio accesible”, pero que disfruta de su estadía en la ciudad.

“Tengo muchos amigos de Brasil que viven acá ¡Todos estudian medicina!”, se sorprende quien asiste siempre a las reuniones que se realizan entre compatriotas. En casas y en bares, y hasta salidas a boliches, los brasileños no pierden la oportunidad de juntarse a compartir vivencias personales en tierras completamente foráneas para ellos.

Con respecto a la elección de Rosario, esta estudiante se decidió ya que varios amigos le habían comentado de la tranquilidad con respecto a otras ciudades: “Es mas tranquila que Buenos Aires o Córdoba. Y allá, en Brasil, la UNR es de las más reconocidas, junto con las Universidades de Buenos Aires y Córdoba”.

Proyectando a futuro, considera que cuando se gradúe tiene pensado en seguir viajando. Sus destinos son dos: el sur argentino y, como objetivo primordial, formar parte del cuerpo de Médicos Sin Fronteras. “Por lo menos en los primeros años quisiera formar parte de ello. Sé que hay que estudiar”, afirma sobre el hecho de pertenecer a algo que requiere de mucho coraje y valor. Algo que, por su historia de vida, a ella no le falta.

Se trata de casos distintos que reflejan, en parte, las vivencias comunes de los chicos universitarios extranjeros. Se pueden ver en los pasillos de las facultades, en los bares, los parques y las calles de la ciudad.

El fenómeno de los estudiantes foráneos crece, de manera mesurada, año a año. Cada uno de ellos, que desean un próspero futuro profesional, ven en Rosario una ciudad con buenas casas de estudios y apta para desarrollar una buena carrera académica. La ciudad, por lo que comentan, les sienta bien. Fuente: lacapital.com.ar

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