Campolongo: “El peronismo tiene que aggiornarse y reorganizarse”

El homenaje a Cafiero fue la excusa de Noticias Urbanas para dialogar con Campolongo, en una charla que se extendió por el presente del peronismo, la figura de Cristina Kirchner y el gobierno de Mauricio Macri.

Periodista y docente universitario, exlegislador porteño y dirigente político, Campolongo conoció a Cafiero en los 70, durante el gobierno de Isabel Perón. Luego sería su colaborador y hasta su vocero, una relación tan estrecha que se convirtió en amistad: “Antonio fue un amigo y una figura consular en el peronismo. Él era de la vieja usanza. Era sereno, pero un peronista muy visceral”.

–El homenaje de esta semana a Cafiero tiene la consigna “En nuestra historia está el futuro”. ¿El peronismo necesita recuperar su historia? Hoy está en la oposición, como cuando Cafiero ganó las elecciones de 1987.

–La historia no es tan lineal y hay que entender los hechos en su contexto. Yo creo que hoy pasan cosas muy distintas, se ha empobrecido el debate político, el argumento. En aquel entonces había un factor aglutinador muy fuerte que se personalizó en Cafiero y una emergente renovación de cuadros dirigenciales, como José Manuel de la Sota o Carlos Grosso. Como dije antes, Cafiero era una figura consular, que además trabajaba el pensamiento político, no solamente la rosca. Era capaz de convocar a compañeros a su casa de San Isidro para debatir un 29 de diciembre sobre filosofía política. Era un hombre muy conectado con la realidad, iba al cine dos o tres veces por semana.

–Una figura así es difícil de encontrar. ¿Qué salida le queda al peronismo, entonces?

–El peronismo tiene una serie de principios y valores que marcaron un giro irreversible, más allá del odio, las revanchas y las persecuciones. Hay cuestiones que están absolutamente incorporadas en gran parte del pueblo y creo que la forma maníaca de dividir entre lo viejo y lo nuevo es un engaño, por eso los dos conceptos que más rinden en publicidad son “nuevo” y “gratis”. Las épocas siempre son hibridaciones, hay algo de lo viejo en lo nuevo y algo de lo nuevo en lo viejo.

–¿Esa sería la fórmula peronista para la supervivencia?

–El peronismo está en una encrucijada: se convierte en un acervo de la memoria histórica o logra un aggiornamiento y reorganización. El peronismo pudo activar constantemente el mito del rescate, que tiene como ejemplos concretos la salida de la crisis de 2001 o la vuelta de Perón en los 70, pero por estos años no hubo ninguna construcción política similar a esa. El peronismo no es un fenómeno para echarlo de menos y globalizarlo en un sujeto. Es una gran mentira que estamos como estamos por el peronismo. Hay que recuperar la unidad nacional, dirimir los problemas de la sociedad y volver a distinguir dónde hace falta justicia y justicia social. Una de las veinte verdades de Perón es que los únicos privilegiados son los niños y ancianos, y hoy hay manos peronistas que quieren borrar esa idea apoyándose en la macroeconomía.

–Hay gobernadores peronistas que apoyan ciertas medidas del gobierno. ¿Al peronismo le cuesta estar en la oposición?

–El peronismo tiene vocación de poder, no vocación testimonial. Con la renovación, el peronismo aprendió sobre el republicanismo, que algunos consideraban que era la pata que le faltaba. Yo presencié el abrazo de Perón con Balbín, que tuvo una continuidad histórica con el comportamiento de Cafiero de acompañar a Alfonsín en el balcón de la Casa Rosada cuando fueron los levantamientos carapintadas. Eso significó la unidad. El peronismo debe mejorar y dar ejemplos en la vida pública; me refiero a individuos, no al conjunto.

–¿Qué responsabilidad le cabe a Cristina Kirchner en la actual situación del peronismo?

–Desde hace tiempo, el Gobierno está llevando una estrategia de dividir para ensalzar el lado negativo del peronismo, que le rindió frutos electorales: el comportamiento de la expresidenta. En la superficie, el actual Presidente y la expresidenta son funcionales y obturan la posibilidad de organización del peronismo. Los dos trabajaban para sí mismos y en eso afectan al país, que es más importante que el peronismo. Por eso Perón puso primero la Patria y después el movimiento. Acá falta un conjunto de personas que piensen en la Patria.

–¿En la política actual faltan ideas?

–A nivel de pensamiento político estamos más desinformados que nunca, pese a que vivimos en la sociedad de la información y del conocimiento. La política perdió la dimensión de la virtud, y por eso empiezan los latiguillos entre lo nuevo y lo viejo. Las sociedades necesitan organización, jerarquía y rumbo. ¿Dónde está la organización? Porque en estos años no se reconstruyó el Estado ni se ha modernizado. Usar computadoras no es modernizar. Las nuevas tecnologías no son ni buenas ni malas, todo depende de cómo las empleamos, porque el gobierno anterior y el actual usaron ejércitos de trolls para afectarnos, sin argumentos ni ideas.

–El macrismo ha sabido aprovechar las tecnologías para su campaña. ¿Cree que Macri no tiene proyecto político?

–Por supuesto que hay un proyecto de gobierno: hasta ahora está interesado en negocios para los sempiternos capitalistas prebendarios y amigos rentísticos que no asumen riesgo y que se acomodan con el poder de turno.

–¿Es un gobierno de y para los ricos?

–Hay un disimulo de lo que es concretamente un ajuste, que lo empiezan a llamar gradualismo. Han permanecido las ayudas sociales, pero yo no quiero incrementar las ayudas, sino generar un país productivo en serio, con reglas de juego de justicia social, y no recurrir a la teoría del derrame cuando hay un 30 por ciento de pobres. Con la corrupción y la pobreza no se genera un proyecto de nación integrada.

En primer plano

• Un objetivo personal. “Vivir hasta mis últimos días y ser recordado como una buena persona.”

• Un plan de fin de semana. “Hace mucho que no descanso pero me gusta contemplar los paisajes de nuestro país.”

• Un momento de su vida. “El nacimiento de mis hijos.”

• Un músico. “Toda la buena, sea folklore o tango.”

• Un libro. “Leo varios libros a la vez. Ahora estoy con La derrota del pensamiento, de Alain Finkielkraut; El otro yo (la historia de Nicolás Caputo), de Esteban Rafele y Noelia Barral, y La cabeza de Macri, de Franco Lindner”.
Fuente: noticiasurbanas.com

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