Carta a Dios con copia al diablo

Querido Dios: le escribo para anunciarle que aquí, en mi país, el pueblo le dio a usted un “golpe de cielo” y lo destronó. En su lugar eligió a otro, al Dios Dinero, más omnipresente que usted porque ese sí está en toda parte, a cualquier hora y en infinidad de formas.riquezas

Nos aparece en moneda, billete, tarjeta de crédito, chequera, vale, bono, letra, orden de pago, acción, título, pagaré, transferencia electrónica y en infinidad de bienes materiales.

Además, sus templos pululan por todo el país en forma de centros comerciales, malls, bancos, supermercados, tiendas, almacenes y toda suerte de negocios cuya misión es deslumbrar y atraer cada vez más fieles.

Cuando anuncian una oferta, promoción o rebaja de cualquier cosa, o cuando lanzan el nuevo modelo de celular top of the line, las colas de feligreses enloquecen ante el nuevo producto a adorar.

Con decirle que, al igual que usted tiene cada año un “Viernes Santo” –por cierto en franca decadencia–, al Dios Dinero las masas le tienen el suyo propio, también anual, llamado “Viernes Negro”, para idolatrarlo de verdad.

Porque viera lo platera que se ha vuelto aquí la gente, que ya ni un favor es capaz de hacer si no media la propina o la coima.

Ni qué decir los comerciantes con su fiesta de sobreprecios a la comida, las medicinas, el combustible, la educación, la vivienda… ¡Un horror, Señor!

Y ni pensar en los servicios como clínicas, hoteles, transporte, mano de obra, restaurantes, espectáculos, luz.

Todo está por los cielos. Es más, usted mismo, Señor, quien se mueve por esos repartos, tampoco está tan a salvo. ¡Nunca falta un Judas que…!

Luego, las pensiones de lujo de magistrados, políticos y burócratas, así como las prebendas y otros excesos de los sindicatos y demás sinecuras.

Encima, el crimen organizado en sus “lavados” brillantes y rechinantes, y la delincuencia común en su orgía de asaltos, estafas y robos.

Todos, por supuesto, alrededor del Dios Dinero quien, al contrario de orar, los incita a consumir y a tener, y a tener, y a…

Y quien, lejos de inspirar paz y alegría, estimula ansiedad y violencia.

Se trata de un dios con sus propias plegarias no para exaltar la humildad y el perdón sino el consumo a mansalva: “Llévese este televisor pantalla plana y gánese un hornito gratis”, reza su propaganda.

Por eso los carrazos, los chozones, los clóset con 100 pares de zapatos, las cocinas donde se bota la comida, la ropa acumulada, los apartamentos de playa, las joyas y la fastuosidad toda.

Es decir, Señor, que el cielo sobrenatural que una vez usted nos prometió si hacíamos esto o lo otro ha sido desbancado por el cielo terrenal ofrecido, a cambio de nada, por su sucesor el Dios Dinero.

Y es que ha transcurrido tantísimo tiempo desde que, según las sagradas escrituras, con instrucciones suyas Moisés grabó su Decálogo en las lajas bíblicas, que pecar es hoy la regla y no la excepción.

Como consecuencia, su tabla de mandamientos se aplica totalmente al revés, pues no solo se ama sobre todas las cosas al Dios Billetera, encarnación del mal, sino que, en su nombre, se roba, se viola y se mata.

¿Qué se les hizo usted, Padre Eterno, a todos sus creyentes? ¿Por qué los ha dejado en manos de la codicia y la opulencia? ¿De la soledad y la orfandad?

Todo pareciera indicar que, en el fondo, usted nunca ha existido para ellos salvo como excusa o recurso para atemperar, por ratos, sus miedos existenciales.

Y que, espiritualmente derrotados, se resignan con júbilo a la felicidad material.

Con razón la propia Madre Teresa de Calcuta lo decía poco antes de morir: “Busco a Dios por todas partes pero no lo encuentro”.
Por Edgar Espinoza
Fuente:crhoy.com

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