Centro Cultural Kirchner, el mayor de América Latina

Buenos Aires es una ciudad con verdaderas joyas culturales. Tiene un teatro lírico ubicado entre los dos o tres más importantes del mundo. Tiene un complejo teatral oficial dedicado a la dramaturgia y a la danza contemporánea, con sede en los cuatro puntos cardinales de la ciudad.Centro Cultural K

Tiene centros culturales de todo tipo y museos de arte gratuitos para todos los gustos. Hace algunos años, estrenó una sala sinfónica en el barrio de La Boca, escondida donde antes cabía una gigantesca usina. Buenos Aires, además, está salpicada por un reguero de centenares de salas y salitas de teatro independiente como pocas capitales del planeta.

Estas joyas embellecen a la Reina del Plata. Pero ahora, con dos siglos de edad a cuestas, por fin la ciudad de Buenos Aires tendrá su merecida corona.

El Centro Cultural Kirchner –o CCK, como empezó a popularizarse rápidamente a medida que marchaban las obras– inicia a partir de hoy sus actividades.

El gigantesco espacio del viejo Palacio de Correos albergará al centro cultural más grande de América Latina y uno de los más grandes del mundo.

Con más de cien mil metros cuadrados de superficie, el CCK supera en dimensiones al Centro Pompidou, de París; al L´Auditori, de Barcelona, y al Barbican Centre, de Londres. Reunirá a todas las ramas del arte –de lo clásico a lo contemporáneo, de las culturas de los pueblos originarios a las vanguardias experimentales– en salas especialmente diseñadas y acondicionadas para cada disciplina. Y ofrecerá una propuesta artística y educativa para todos y todas, y de manera gratuita. Por la ambición y las expectativas depositadas, este proyecto está llamado a convertirse en el corazón de la cultura argentina.

Poner en valor

El acto de presentación encabezado por la presidenta Cristina Fernández es el corolario de muchos sueños y de seis años de trabajo depositados en este emprendimiento.

La obra se inició en 2009, con la restauración de los grandes salones del edificio.

En 1997, el Palacio de Correos había sido declarado Monumento Histórico Nacional. Pero la gigantesca mole de estilo francés –ubicada entre las avenidas Corrientes y Paseo Colón y las calles Bouchard y Sarmiento– era aprovechada fundamentalmente como punto de encuentro para los espectadores del Luna Park.

Eran épocas en las que el Correo argentino estaba en manos privadas. Paralelamente, el avance imparable de internet condenaba a la obsolescencia absoluta el intercambio epistolar en papel. Hacia los últimos años, el correo apenas ocupaba el quince por ciento del gigantesco edificio.

La decisión de restaurarlo y convertirlo en un gran centro cultural dio su primer paso firme durante los festejos del Bicentenario. Y en estos momentos comienza paulatinamente a ponerse en marcha su maquinaria cultural.

El despertar de la ballena

En esta primera etapa de la apertura del CCK, comenzará a funcionar la sala de conciertos bautizada La Ballena Azul y se podrá acceder a La Cúpula y a La Gran Lámpara. Son los tres principales atractivos de la denominada área Industrial, en la cual conviven madera, acero, piedra y vidrio en un diseño único. La llamada área Noble, en cambio, es el área de los salones –el de Los Escudos, el de Honor, el de Los Buzones y el de Eva Perón, que fue su despacho en los años 40– donde se conserva el mobiliario de época.

La Ballena Azul –llamada así por su forma y color– es una sala de música sinfónica para casi 1.750 espectadores que parece suspendida en el aire.

Su interior está distribuido en tres niveles, compuesto por los sectores platea, pulman, súper pulman y bandejas laterales. Cuenta con 36 piezas previstas para personas con movilidad reducida. El escenario –de 250 metros cuadrados de superficie– puede albergar a una orquesta de 110 músicos. Y detrás hay lugar para un coro de más de un centenar de integrantes. La sala está equipada además con un imponente órgano tubular fabricado en Alemania especialmente este espacio. Sus 3.500 tubos permiten reproducir 56 registros y 71 sonidos diferentes.

Según los técnicos alemanes que trabajaron en su instalación, por sus posibilidades, el órgano es “una orquesta en sí mismo”.
La Gran Lámpara es una estructura de vidrio y hierro que pende de un entramado de vigas. Tiene dos niveles para exposiciones y se ingresa en ella por tres puentes de acceso.

Por último, La Cúpula se construyó a partir de la recuperación de la cúpula principal del edificio, que hasta entonces constituía un espacio residual. Sus viejas tejas negras fueron reemplazadas por una superficie vidriada. Cuenta con un sistema lumínico computadorizado que permite reproducir un millón de tonalidades de color diferentes y representar todas las banderas del mundo. Es un espacio de 500 metros cuadrados destinado a usos múltiples. Está equipada con un escenario levadizo y mobiliario móvil, lo cual la hace muy adaptable, y además ofrece una vista panorámica de la ciudad. Se integrará con los miradores del edificio y con un área gastronómica que funcionará en la terraza.

Más adelante también abrirá sus puertas la Sala Argentina, preparada para música de cámara y con capacidad para 540 espectadores, que también albergará teatro y otras expresiones artísticas.

Cuando funcione a pleno, el CCK contará con cuarenta salas de exposición, salas de ensayo, auditorios multimedia y un Museo del Correo que mantendrá vivo el pasado del edificio. Néstor Kirchner, que era hijo de un trabajador postal que solía visitar el edificio, insistió especialmente para que se conservara. Allí están resguardadas, por ejemplo, las cinco mil casillas metálicas del antiguo correo.

“Además tiene estudios para hacer grabaciones audiovisuales y musicales, espacios para conferencias, para hacer cine”, agrega la ministra de Cultura, Teresa Parodi, en diálogo con Diario Z. “Y un área educativa pensada y planeada para alumnos de los distintos niveles de escuelas y espacios educativos. Vamos a generar talleres, clases magistrales de pensadores. Que la gente pueda venir a tomar clases con un referente cultural importante, argentino o del mundo. Además tenemos una agenda internacional muy rica, y varias conversaciones adelantadas con el Pompidou, el MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York), con el Lincoln Center, entre otros, para hacer intercambios y entregar becas. Estamos en tratativa con todo eso. Pensamos dejar todas estas iniciativas y convenios y programaciones funcionando para los que vengan después del 10 de diciembre a continuar con el trabajo”, concluye la ministra.

La obra

Toda la obra de refuncionalización y puesta en valor del viejo Palacio de Correos estuvo a cargo del estudio platense B4FS. “En nuestro estudio siempre hemos estado preocupados por generar espacios urbanos, construir ciudad, construir espacios que se puedan usar todo el día”, señala el arquitecto Enrique Bares, uno de los responsables técnicos del proyecto.

Los trabajos incluyeron la restauración de las cuatro fachadas del edificio y de la parte interna del frente que da a la calle Sarmiento. También se restauraron los salones ceremoniales y la luminaria antigua y se recuperaron teselas (mosaicos) francesas, herrería y carpintería.

Para realizar la nueva infraestructura, se demolió el interior de una parte del edificio y fue necesario excavar hasta un tercer subsuelo para fundar los cimientos y erigir la gran jaula de hierro que sostiene la fachada interior. No fue sencillo. Recordemos que esta parte de la ciudad fue ganada al río a fines del siglo XIX y, por lo tanto, la excavación requirió sortear los inconvenientes de un subsuelo fangoso. Obras de esta envergadura suelen demorar muchos años, incluso décadas. Pero en este caso se espera que esté totalmente en funcionamiento, a lo sumo, en 2016.

El CCK está emplazado en un área que conforma el eje histórico-político más importante de Buenos Aires. Esta mole maravillosa –proyectada inicialmente por el arquitecto francés Norbert Maillard hace más de cien años, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman- domina el cruce de las avenidas Leandro N. Alem y Corrientes, se encuentra a pocos metros de Casa de Gobierno y de Plaza de Mayo y se conecta rápidamente tanto con los barrios del norte de la ciudad como con el casco histórico y Puerto Madero.

Buenos Aires gana un espacio extraordinario para el arte y la cultura. Ahora, que brille.

Monumento postal

Inaugurado en 1928, se contruyó en terrenos ganados al río. La superficie es el equivalente a ocho manzanas.

El viejo Palacio de Correos y Telégrafos es uno de los monumentos más imponentes de la ciudad. El diseño original es obra del arquitecto francés Norberto Maillart, responsable también de otros edificios señeros, como el Palacio de Justicia y el Colegio Nacional de Buenos Aires, pero lo terminó uno de sus colaboradores, el ruso Jaques Spolsky.

La obra comenzó en 1889, el mismo año en que París estrenaba la Torre Eiffel, pero fue inaugurado casi 40 años más tarde, en 1928. La edificación se interrumpió, primero, a raíz de las crisis de 1890 –desatada con la quiebra de la Baring Brothers– y fue retomada hacia 1905, con Maillart nuevamente a cargo del proyecto, que debió ser revisado, ampliado y actualizado. En 1911, el maestro se desvinculó y lo sucedió Spolsky. Pero la construcción se detuvo en 1916 debido a que durante la Primera Guerra Mundial se interrumpió la provisión de materiales de construcción. Spolsky falleció un año antes de la inauguración.

El Palacio del Correo se construyó sobre un terreno de 12.500 metros cuadrados ganados al río y se sostiene sobre 2.882 pilotes de hormigón armado de 10 metros cada uno, unidos por una losa. Consta de un subsuelo, planta baja y siete pisos de altura. La superficie total equivale a ocho manzanas.

El edificio es un claro exponente del academicismo francés: la simetría, los techos a la mansarda (que tiene ventanas sobre el tejado), las columnas y ventanas gigantes, los muros trabajados, sus módulos (basamento con arcos de medio punto, cuerpo y remate), la ornamentación y el lujo de los interiores son característicos del estilo. Gorros alados y caduceos, símbolos de Hermes, el mensajero del Olimpo, decoran los paneles. Además, su interior cuenta con vitrales, esculturas, relieves de bronce, salones revestidos de mármol y madera, entre muchos otros detalles de lujo. El Salón Dorado, que era el lugar de los actos protocolares, fue pensado a semejanza de Versalles. El resultado buscaba reflejar la bonanza económica del Centenario, como otras construcciones de la época.

En la fachada de la calle Sarmiento, el cuerpo principal estaba coronado por una cúpula trunca de pizarra, la mayor de las cuatro que tiene la construcción. Las pizarras fueron reemplazadas por una superficie que cuenta con un moderno sistema lumínico que permite recrear una paleta de más de un millón de colores.

Fuente: diarioz.com

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