Colonización alimentaria: Europa del Este se convierte en el basurero de la UE

Tras conocerse los resultados de una serie de investigaciones, los países de Europa del Este llegaron a la conclusión de que los productos que se venden en el Este y Oeste de Europa no son igual de saludables.

“Después de considerar algunos productos, se puede deducir que nos hemos convertido en el basurero de Europa”, declaró el ministro de Agricultura checo, Marian Yurechka.

Tras visitar unas 20 tiendas en Bratislava y algunas ciudades austríacas, los inspectores del Servicio Estatal de Control Veterinario y Alimenticio eslovaco constataron que productos de una misma marca europea tenían diferencias a favor de los alimentos que procedían del Oeste de Europa. Por ejemplo, los productos eslovacos contenían más grasa y menos carne, además, los primeros llevaban aditivos artificiales, edulcorantes y colorantes artificiales. Incluso las porciones en Eslovaquia pesaban menos que en Austria.

Un balance similar obtuvieron los empleados de la Oficina del Control Estatal y Seguridad de Alimentos de Hungría. Compararon los productos que se vendían bajo la misma etiqueta en los supermercados de cadenas internacionales como Lidl y Aldi. Las compras en Hungría resultaron ser de peor calidad, menor cantidad y más peligrosas. Por ejemplo, los palitos de pescado Iglo Fish Fingers en Hungría contienen un 58% de pescado y en Austria un 65%. Sin embargo, el envase y el precio de los palitos de pescado son prácticamente idénticos. El aditivo a la sopa Knorr contenía un 20% menos que los mismos en las tiendas occidentales.

“Creo que es uno de los mayores escándalos de la actualidad”, calificó la situación el ministro de la oficina del primer ministro húngaro, Janos Lazar.

Los búlgaros también llevaron a cabo su propia inspección. El resultado: 7 de los 30 productos que se venden en Bulgaria eran diferentes de sus pares en las tiendas occidentales. Por ejemplo, el postre de chocolate búlgaro contenía menos leche y cacao, mientras que los refrescos se caracterizaban por contener más edulcorantes artificiales y peligrosos. Sin embargo, el equivalente alemán y austriaco se basaba solo en azúcar natural. Además, paradójicamente, muchos productos en Bulgaria costaban más que en el oeste de la UE. Uno de los ejemplos es el puré de bebé, al doble del precio.

“Estudios semejantes fueron realizados también en Chequia. El mismo efecto: los alimentos en nuestro país y los países occidentales de la UE difieren tanto en su composición como en su calidad”, comunicó en una entrevista a Sputnik el activista y politólogo checo Jan Miklas.

En respuesta a los reclamos del Gobierno checo, las empresas solo declararon que “satisfacen los gustos locales” cuando “utilizan recetas que varían”.

“No pienso que los checos y los austriacos tengan gustos diferentes. Éramos parte del Imperio austro-húngaro y si echan un vistazo a nuestro menú llegarán a la conclusión de que nuestros gustos son iguales”, subrayó Yurechka.

No obstante, hay otras compañías más sinceras. “Enviamos los productos de primera categoría al Reino Unido; de segunda, a Europa del Este”, aclaró Matt Simister, director de distribución de la cadena de supermercados Tesco.

Sin embargo, los productos de segunda clase se promocionan con una publicidad más agresiva. “Los alimentos de peor calidad tienen una mejor publicidad y por eso la gente no presta atención a que algunos productos contengan mayor o menor porcentaje de algo. Resulta que los peores productos dan mayor beneficio [económico]. Por eso la gente tarda mucho tiempo en entender que es lo que ellos compran en realidad. Lo entendemos solo ahora”, comentó a Sputnik el ex primer ministro de Eslovaquia Jan Carnogursky.

El problema de los dobles estándares ya había sido planteado esta primavera por los participantes de la cumbre especial que reunía a los primeros ministros de los cuatro países del grupo de Visegrado (Polonia, la República Checa, Eslovaquia y Hungría). En esa oportunidad hicieron un llamado a la Comisión Europea para que tomara nota de la situación. En una reunión con el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fitso, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se comprometió a “poner fin a la discriminación en la industria alimentaria”.

No obstante, los países de Europa del Este no confían mucho en Juncker: según las normas actuales de la UE, los fabricantes de los productos disponen legalmente del derecho para cambiar la composición del producto, dependiendo del lugar de venta. Según el politólogo Miklas, “en esta situación tienen la culpa los propios países de Visegrado, que durante muchos años trataron esta situación con humillación y no se esforzaron por resistir a este estado de cosas, lo que confirma el ‘estatus colonial’ de estos países nuevos miembros de la UE”.
Fuente: mundo.sputniknews.com

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