El agente de inteligencia naval que mandaron a morir al mar

La historia del cabo principal Enrique Damián Castillo evidencia el nivel de improvisación de la Armada. Un documento confidencial revela la temeraria misión encomendada al ARA San Juan antes de su desaparición.

“Oreja de goma” les dicen en la Marina a los agentes que reportan al servicio de inteligencia naval. La tarea del cabo principal de la Armada Argentina Enrique Damián Castillo lo había condenado a portar ese incómodo apodo, pero nada opacaba su orgullo por ser parte integrante de la fuerza a la que había ingresado en febrero de 2004, con apenas 22 años. Desde el pasado 15 de noviembre, Castillo es uno de los 44 tripulantes del submarino ARA San Juan desaparecido en el Mar Argentino mientras efectuaba una derrota aún indeterminada entre el austral Puerto de Ushuaia y la base naval de Mar del Plata. Sin embargo, no era un tripulante más. El suboficial era el único miembro de la tripulación que no contaba con la debida preparación para efectuar una misión submarina, ya que fue convocado “de apuro” con un mandato específico de sus superiores: realizar tareas de inteligencia para establecer la localización e identificación de buques que pudieran encontrarse violando normativas internacionales en aguas argentinas. “No sabía ni siquiera colocarse el traje de escape especial que utilizan los submarinistas, lo mandaron a una muerte segura”, sostuvo uno de los letrados patrocinantes de su familia en diálogo con Ámbito Financiero. En ese sentido, los abogados analizan la posibilidad de demandar al Estado por “homicidio culposo”, ya que -entienden- a Castillo “le encomendaron una tarea para la que claramente no se encontraba preparado”. Y es sabido que en la organización militar, un subordinado no puede negarse a cumplir con las órdenes que imparte la superioridad.

Confidencial.

Documentos secretos de la Armada fechados en octubre de 2017 dejan constancia de la misión encomendada al submarino ARA San Juan durante su derrota entre el puerto de Ushuaia y la base naval de Mar del Plata: localizar e identificar buques que incumplieran con las leyes, bajo un protocolo de “elevada alerta”.

Top secret

Dos documentos “confidenciales” de la Armada Argentina fechados el 8 de octubre de 2017, que llevan la firma del jefe del Estado Mayor del comando de submarinos, capitán de navío Héctor Aníbal Alonso, a los que este diario accedió en exclusiva, confirman lo que públicamente la fuerza negó primero y ocultó después, incluso al ministro de Defensa, Oscar Aguad: que el ARA San Juan se encontraba cumpliendo tareas de “localización e identificación” de naves que pudieran encontrarse en la zona patrullada, bajo un estricto protocolo a implementarse con un “elevado estado de alerta”. Así consta en las “órdenes de operaciones del comando de la fuerza de submarinos número 4/17 C”, en las que se explicitan los objetivos de la operación: “Aumentar los niveles de adiestramiento específico del ARA San Juan e incrementar el nivel de adiestramiento integrado mediante la ejecución de un ejercicio de ataque submarino a un núcleo cortinado” y “contribuir al control del mar mediante la ejecución de operaciones de vigilancia y control”. Entre las instrucciones específicas, las órdenes no dejan lugar a dudas sobre el objetivo principal de la misión: “Detectar e identificar objetivos tales como buques frigoríficos, logísticos, petroleros, de investigación, pesqueros y registrar su actividad durante los diez días que durará la misión”.
Falta de experiencia

Un viejo dicho de la Marina sostiene que la fuerza se divide entre submarinistas y el resto. El perfil de estos particulares soldados del mar debe ser especial en cuanto a su temple, preparación psicológica para el ámbito cerrado, pequeño y de convivencia. No se trata de un oficio sencillo. Requiere de entrenamientos muy específicos, como por ejemplo el requerido para los casos de escape. Esa práctica se efectúa periódicamente porque requiere de mucha precisión y destreza. Según testimonios que obran en la causa investigada por el juzgado federal de Caleta Olivia, “si un tripulante no fuera submarinista -como el caso de Castillo, que era personal de Inteligencia-, se les realiza un adiestramiento previo muy intensivo que el cabo principal NO TUVO”. De acuerdo con el relato suministrado por varios testigos, el suboficial que permanece desaparecido junto a los otros 43 tripulantes del ARA San Juan “ni siquiera sabía colocarse el traje especial que se utiliza en caso de emergencia, que tiene un sistema especial de presurización que le permite salir a flote”. El último simulacro de escape que hicieron los tripulantes del submarino de cuyo paradero nada se sabe desde el 15 de noviembre de 2017 fue a mediados de 2016, con la división de buzos tácticos de la Armada.

Tras evaluar la información obrante en la causa, los abogados de familiares de los tripulantes del submarino sostuvieron que la Armada “ocultó pruebas y distrajo la investigación” y solicitaron a la Justicia que investigue por “falso testimonio” a varios testigos e impute de manera directa a la fuerza por “negligencia en la puesta en marcha del protocolo de búsqueda” y “encubrimiento” de las verdaderas razones de la desaparición. “Estamos convencidos de que algo huele mal en la Armada”, sostuvo Valeria Carreras, quien junto con Fernando Burlando patrocina a esposas e hijos de casi un tercio de los tripulantes de la nave desaparecida. Por Mauro Federico
Fuente: bairesparatods.com.ar

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