¿El más bochornoso libro jamás escrito sobre Oriente Medio?

“Oriente Medio es la tumba de los vaticinios”, dice el editor y escritor izquierdista Adam Shatz. Y lo es por su volatilidad (en 2014 nadie imaginaba que, once siglos después, iba a emerger un nuevo califato) y depravación (el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, desató una cuasi guerra civil contra los kurdos para conseguir unos cambios constitucionales que no necesitaba).

En parte, también, las predicciones fallan por la general incompetencia de los expertos. A menudo carecen del mero sentido común que les permitiría ver lo evidente. Sirva como ejemplo el embeleso colectivo ante el ascenso de Bashar al Asad a la Presidencia de Siria en el año 2000.

Algunos analistas de la política siria expresaron su escepticismo ante la capacidad de un oftalmólogo de 34 años para gestionar la “desoladora estabilidad represiva” que heredó de su dictatorial padre, que gobernó durante treinta años, y sugirieron que las “hondas tensiones en la sociedad siria (…) podrían explotar luego de la desaparición del duradero dictador”.

Pero la mayoría de los observadores vieron en el joven Asad a un tipo decente, aun humanitario. David W. Lesch, académico que disfruta del título de Profesor Distinguido Ewing Halsell de Historia de Oriente Medio en la Trinitiy University de San Antonio, Tejas, comanda este grupo singular. Lesch se hizo amigo del joven hombre fuerte, lo que le permitió disfrutrar de lo que su editor denominaba “un acceso único y extraordinario al presidente de Siria, a su círculo y a su familia”.

Esas largas horas de conversación tuvieron por consecuencia un libro, The New Lion of Damascus: Bashar al-Asad and Modern Syria (El nuevo León de Damasco: Bashar al Asad y la Siria Moderna; Yale University Press, 2005), que recibió los elogios de colegas de Lesch como Moshé Maoz, de la Universidad Hebrea, que lo encontró “muy informativo y perspicaz”; Curtis Ryan, de la Appalachian State Univesity, que lo calificó de “revelador”, o James L. Gelvin, de UCLA, que lo ensalzó como “un relato extraordinariamente legible y oportuno”. Un prestigioso think tank de Washington organizó un debate sobre los hallazgos del texto.

Pero el paso de estos doce años, la mitad de los cuales han sido testigos de la monstruosa brutalidad de Asad en la guerra civil más mortífera de los últimos tiempos, ofrece una perspectiva muy diferente para evaluar el desempeño de Lesch.

Asad respondió a las manifestaciones pacíficas contra su régimen que se iniciaron en marzo de 2011 no con reformas sino con despiadada fuerza. El número total de muertos en la guerra asciende a unos 450.000, de una población de 21 millones antes del conflicto. El salvajismo personal de Asad ha sido la clave del mismo; gracias a su control de los cielos, se estima que sus tropas han sido responsables del 90% de las muertes.

Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, más de cinco millones de sirios han sido objeto de desplazamiento y otros 6,3 millones han abandonado el país, provocando crisis en países tan distintos como Jordania, el Líbano, Turquía, Grecia, Hungría, Alemania o Suecia.

A la luz de este pavoroso prontuario, el relato de Lesch contiene numerosos pasajes que revelan una extrema candidez y un peor juicio. Lesch evaluó al señor Asad como si fuese un colega universitario y le dedicó adjetivos como “compasivo”, “probo”, “modesto”, “inocente” y “moralmente bueno”. Describió a Asad como “un hombre de gran integridad personal”, “sinceridad atrayente” y con “un proyecto para el futuro de su país”. Quienes se encuentran con él, nos decía, quedan impactados por “su cortesía, humildad y sencillez”. “El comportamiento matonesco (…) asociado a su padre no forma parte del carácter de Asad”, añadía.

También en la intimidad era ejemplar Asad. “Cambia los pañales y se levanta en plena noche para aplacar a los niños cuando lloran (…) Durante todo el primer año [de vida de su hijo], Bashar no dejó una sola vez de darle su baño diario”.

Además, estaba culturalmente en la onda occidental: “Así como le gusta la música de Phil Collins, disfruta de Kenny G, Vangelis, Yanni, algunas piezas clásicas y la música árabe de los 70. Ama el rock clásico, empezando por los Beatles, Supertram y los Eagles, y tiene todos los discos de Electric Light Orchestra”. En cuanto a su mujer, Asma, “ciertamente parece compartir el llamamiento de su marido a hacer todo lo que esté en su mano para hacer de Siria un lugar mejor para sus hijos y nietos”.

Hay que reconocerle a Lesch que reconocía la posibilidad de que se produjera una implosión, “con una inestabilidad del régimen que podría llevar a una guerra civil”. Pero rechazaba este escenario porque “la oposición al régimen dentro de Siria (…) está dividida y es relativamente débil”.

No es de extrañar que New Lion, un monumento a la humillación académica, esté fuera de circulación y que haya desaparecido de la web de Yale University Press. Sí lo es que en 2012 Yale volviera a confiar en Lesch para otra obra magna, esta con el desdichado título de Syria: The Fall of the House of Assad (Siria: la caída de la Casa de Asad).

PS: Para un análisis más profundo de estos dos libros de Lesch, véase David Schenker, “The New Arabists” (Commentary, noviembre de 2012). Ahí, Schenker indica que los elogios que vertía Lesch sobre Asad ya en 2005 se produjeron

después de que Bashar diezmara sistemáticamente la sociedad civil siria mediante arrestos masivos de participantes en la denominada Primavera de Damasco, en 2001 y 2002. Mientras Lesch se deshacía en elogios del Nuevo León de Damasco, las luminarias del emergente movimiento prodemocrático sirio languidecían en las mazmorras de Asad; el régimen torturaba y asesinaba al prominente clérigo kurdo antiasadista Shuwayhat Jaznawi y sus amigos de Hezbolá asesinaban en el Líbano ocupado por la propia Siria al ex primer ministro libanés Rafiq Hariri.
Daniel Pipes
Fuente: elmed.io

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