El rabino Wajcer instruyó: El judaísmo santifica la vida, pero no el aborto”

“La ley judía es clarísima y nosotros como líderes espirituales nos aferramos a ella”, señaló el rabino Marcelo Wajcer, que se expresó en contra de la legalización del aborto.

En diálogo con Norte de Corrientes explicó que se admite la práctica si existe riesgo de vida para la madre y que en caso de violación, un tribunal rabínico decidirá. Consideró que “se perdió un poco el rumbo” y que “las cuestiones morales y éticas están a la deriva”.

Recibió a este diario en su oficina y se explayó en la cuestión.

—¿Qué expresa la religión judía sobre el aborto?

—El judaísmo es claro, desde el punto de vista religioso no está a favor del aborto. Está claramente escrito en la Torá, en el Pentateuco, ya en el Génesis en el capítulo 9, versículo 6 dice: “Aquel que derramare sangre de un hombre dentro de su sangre, su sangre ha de ser derramada”, y se hace referencia al feto.

Ya desde el principio, hace más de 3.700 años, el judaísmo considera la vida sagrada, la santidad de la vida. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Es una ley para judíos y no judíos, acá no hay diferencias.

Si bien hay leyes que son exclusivamente para los judíos, hay leyes que son para toda la humanidad. Ya en aquel momento se hablaba de feto. Esa sangre que está dentro del hombre hace referencia al feto, entonces la Torá no estaba equivocada hace 3.700 años y nosotros no estamos descubriendo nada, no hay nada por descubrir, la vida está por sobre todas las cosas y nosotros santificamos la vida. —
¿Hay casos en los que se permite la interrupción del embarazo? —

Sí, hay excepciones pero tiene que estar bajo la lupa de los rabinos, de médicos, psicólogos.

En el caso particular en donde la vida de la madre corre peligro mientras el feto esté dentro de su cuerpo, porque se lo considera como parte de ella, ahí sí está permitido. Se salva a la madre porque potencialmente ella puede seguir generando vida.
—¿Y en los casos de violaciones? —

En casos de violaciones y en casos muy específicos, siempre que esté determinado por los rabinos y haya un consenso con especialistas, tiene que ser entre las 72 horas y los 40 días.

Esa tiene que ser una decisión de un tribunal rabínico, de especialistas junto con profesionales y no se decide automáticamente. Pero siempre se trata de hablar con la persona, de apoyarla por ese trauma que deja más allá de la violación. Hay una cuestión que existe entre un problema y un dilema.

El problema nos permite visualizar alguna salida, en el dilema a veces no podemos visualizar qué es lo que está bien y qué está mal. Obviamente que una violación está mal y el embarazo es no querido, pero -como dicen muchos- cada uno tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, pero también está en aquellos que tenemos a cargo las cuestiones espirituales si se acerca la niña o la mujer a hablar con nosotros, tratar de encaminarla por el mejor camino, no por el camino más corto que en definitiva termina siendo el más largo, pero esto también está dentro de las posibilidades que se permite el aborto. —

Hay mucha polémica entre los médicos por la objeción de conciencia. ¿Qué opinión tiene al respecto? —Los hospitales religiosos también son un tema a tratar. Siempre va a tener que haber un médico que esté dispuesto a hacer el aborto que no puede tener objeción de conciencia. Es complicado.

Si hay tres médicos y dos de ellos se van, uno siempre tiene que quedarse en caso de que ocurra o que tenga que realizar un aborto, más allá de quien haga uso de la objeción de conciencia. Es una situación muy conflictiva porque lo pone a uno entre la espada y la pared.

—¿Por qué cree usted que se impulsa ahora este debate? —

Se ha perdido un poco el rumbo. Todas las cuestiones morales y éticas están a la deriva. Estamos como en un océano a la deriva porque no tenemos herramientas de donde sostenernos. Es mucho más fácil tomar el camino corto y largo que es aborto, donde el camino es largo.

Entonces al no tener esos elementos que tienen que ver con la educación, muchas veces las madres y fundamentalmente las madres jóvenes impulsadas por ese desconocimiento y esa falta de educación toman el camino corto, que en definitiva es el más largo porque quién le quita el trauma a la mujer después de quitar una vida.

—¿Piensa que no debe mezclarse la cuestión de fe o religiosa con la salud pública?

—Por supuesto. Son cuestiones de políticas del Estado y el Estado tiene que preservar y poner a disposición de la sociedad todos los elementos, las herramientas y la políticas públicas, sanitarias, educativas, y de todo tipo como para que esta confusión o este sin rumbo que hay no nos lleve a cometer actos que después nos arrepentiríamos muchísimo. —¿Qué cree que va a cambiar si la ley se aprueba? —Va a ser un impacto muy fuerte.

Reitero que no están dadas las condiciones desde el punto de vista de las políticas del Estado y las políticas públicas y que van mucho más allá de las cuestiones de fe. Estamos muy desorientados, se van mezclando un montón de cosas. Aquellos que usan un pañuelo verde o celeste no saben, estamos en veredas opuestas y en el medio hay un abismo muy profundo que es ese océano sin rumbo que no tenemos dónde agarrarnos.

Creo que tenemos que educar y que salvaguardar la vida de las jóvenes mujeres y de los hombres y de las futuras generaciones. —Personalmente, ¿qué opina del aborto? —Puede ser que esté equivocado, pero prefiero equivocarme y salvar una vida que equivocarme y sacarla.
Fuente: nortecorrientes.com

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