El viejo cine Atlas se convirtió en centro cultural, con bar, sala multimedia y café concert

Al local de Mitre 643 que durante los 90 albergó el cine Atlas le pasó de todo: después de esa década con proyecciones fílmicas y 520 butacas, funcionó como discoteca y como spa, intentó habilitarse como centro cultural y terminó ocupado, vandalizado y hasta presa de un incendio. Pero ahora prometen volver los buenos tiempos: hace apenas días empezó a funcionar como un complejo cultural privado, con espacios muy versátiles que incluyen desde un bar hasta una equipadísima sala multimedia, una zona de estudio y un amplio café concert con escenario de dimensiones generosas. Las actividades prometen convocar a debates sobre temáticas diversas (arte, política, economía, educación, ciencia, deporte y gestión cultural), instancias de formación, teleconferencias, muestras y, de rutina, espectáculos que promuevan la cultura local.

El lugar, vecino a las oficinas de Litoral Gas, estaba sin uso desde hace casi tres años, cuando dejó de funcionar como centro cultural con una habilitación precaria y terminó incluso clausurado.

Desde entonces, ya con sus rejas forzadas, poco a poco fue siendo ocupado por personas en situación de calle, hasta que un principio de incendio de un colchón ubicado cerca del escenario que logró ser sofocado por los Bomberos obligó a vallarlo.

Quizás por eso se entienda “el estado terrible” en que lo encontraron quienes ahora gestionan el lugar como Complejo Cultural Atlas, la Asociación Civil Jóvenes por Rosario, cuyo presidente, Agustín Poussif, acompañó a La Capital en una recorrida por el espacio.

Encuentro político

La primera actividad pública (aunque a puertas cerradas) que llevó adelante el sitio en esta nueva etapa fue una conferencia que a fines de septiembre ofreció a un grupo de invitados especiales el diputado nacional y ex ministro de Economía Axel Kicillof.

Pero al complejo lo aguarda ahora una programación muy variada a partir de las propuestas que van tirando sobre la mesa más de veinte integrantes de la asociación.

Hoy por hoy, ya cumplimentados todos los trámites de habilitación ante el municipio, desde la vidriera del local se ve el bar, que abre sus puertas bien temprano por las mañanas y aguanta hasta la noche. Café, cerveza tirada y algunos platos latinoamericanos figuran en el menú.

Atrás del bar, sobre la misma planta baja, están los portones que abren paso a un gran salón de al menos 12 metros por 18 a cuyo término se levanta el escenario. En ese lugar funciona el café concert, donde desde unas cuarenta mesas el público pude gozar de un espectáculo (teatro, música, unipersonales y otros géneros) con consumición en horarios de after office y cena, y hasta no más allá de medianoche.

Zona de estudio

Sobre ese espacio se abre una especie de gran palco o balcón que, en el entrepiso, funciona también como “zona de estudio” si se despliega un cerramiento que lo aísla del salón. En ese espacio se pueden dictar clases o talleres. Y en la misma planta se ubica el área administrativa.

Un piso más arriba (todo conectado por escaleras y ascensor) está la zona bautizada como “multimedia”.

El espacio principal, capaz de albergar a no menos de 60 personas, es otro gran salón donde se alinean largas mesas con sillas frente a una pantalla desplegable de tres metros por cuatro. Una especie de tarima que sostiene esas mesadas dispone de enchufes para conectar dispositivos informáticos. Atrás hay otro espacio de soporte técnico.

Según dice Poussif, el sitio cuenta con una suerte de consejo que va lanzando ideas. Quieren que el nuevo Atlas sea un espacio plural: “abierto”, “flexible”, “progresista”.

Esa fue la apuesta que fueron presentando a empresas de la ciudad para tentarlas como inversoras. El Atlas va por una nueva oportunidad, con una barra que empuja hacia adelante.
Fuente: lacapital.com.ar

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