Elecciones presidenciales y la incógnita del balotaje

El próximo domingo los argentinos iremos una vez más a la urnas, en este largo año electoral, pero ahora para elegir presidente y vicepresidente, 130 diputados, 24 senadores y 43 parlamentarios del Parlasur. Ésta es, al fin y al cabo, casi la única certeza con la que la ciudadanía llegará al cuarto oscuro.Elecciones

Porque en un país de profunda tradición presidencialista, la principal incógnita que subsiste a tres días de los comicios es si el candidato del Frente Para la Victoria, el gobernador Daniel Scioli, logrará imponerse en primera vuelta (como aventuran un par de encuestas) o si, por el contrario, el 15 por ciento de votantes presuntamente escépticos pero dispuestos a cambiar la preferencia que hicieron en las PASO, consagrará con su voto útil, estratégico, optimista o pragmático a algunos de los dos candidatos de la nueva derecha, Mauricio Macri y Sergio Massa, entregándoles el pasaporte a la segunda vuelta.

La impronta de la Argentina presidencialista no es menor en esta circunstancia. Porque el país ha sido histórica y eminentemente presidencialista, entendiendo que, aun cuando la Constitución consagre la división de poderes, es el jefe de Estado quien concentra mayor poder y protagonismo. Es el jefe del gobierno, la punta de la pirámide del poder institucional.

El domingo se van a elegir también gobernadores en once provincias. Entre ellas, la de Buenos Aires, que se ha convertido en la piedra angular de todas las especulaciones y en desvelo de los consultores que, además de sus encuestas cuantitativas, intentan con focus group –todavía en estas horas– anticipar un resultado. Como indican todos los estudios que han hecho, de haber sorpresa aquí, estaría representada por la candidata de Cambiemos, María Eugenia Vidal, quien aventajaría –parece difícil– por un punto, punto y medio al candidato del FpV, Aníbal Fernández.

Todo lo cual permitiría, con la extrema labilidad que supone esa diferencia, que el frente Cambiemos se consagre en unas 50 intendencias de la provincia y que, éste es el nudo central, Vidal traccione con su eventual triunfo los votos de Mauricio Macri para sumar algo a sus números y con eso forzar la segunda vuelta. Es hoy lo que le queda a Macri para trepar a los 30 puntos de los que se cayó e impedir que Scioli llegue a los 40 requeridos para evitar una segunda vuelta. La actual vicejefa de Gobierno porteña mide entre 3 y 6 puntos más que el líder del PRO. Ésa es la realidad.

La mayoría de las encuestas plantearon un escenario de balotaje, aunque en función de una muy estrecha diferencia en sus números haciendo la salvedad del famoso error de entre 1 y 2 puntos en sus muestras. Lo que determinó en parte que tanto Scioli como Macri –como se sabe, amigos de toda la vida y de una curiosa afinidad sólo suspendida en el último tramo de la campaña por la obvia rivalidad electoral– se lanzaran a consolidar su parte floja: el primero con los independientes; el segundo con el peronismo.

Ejemplos sobran. A Macri sólo le faltó cantar la Marcha Peronista el día que junto a Hugo Moyano y Gerónimo Venegas inauguraron esa opinada estatua de Juan Perón a pocos metros de la Casa Rosada. Macri, está claro, necesita seducir los votos del peronismo biológico e incombustible del conurbano profundo para sumar a la campaña de Vidal. Y hasta le escapa a la imagen de empresario eficientista de los 90, paradigma del neoliberalismo. Tanto que borró del mapa mediático a quien se suponía iba a ser su ministro de Economía, Carlos Melconian, y entronizó allí a un socialdemócrata filorradical como Alfonso Prat-Gay.

Además dobló algunas apuestas. La asignación universal por hijo (que en el PRO llegó a ser tildada de oportunista, demagógica y clásicamente populista por algunos que hoy están guardados) se hará extensiva, en caso de ganar, a desamparados de la tercera edad. La política oficial sobre Aerolíneas e YPF ya había sido elogiada por él tras las PASO, dando un giro de campana respecto de lo que el PRO había votado.

Por su parte Scioli, buscando seducir al electorado de su principal rival, mandó a uno de sus hombres más destacados, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, a la mismísima meca del capital financiero como su representante oficioso. En Nueva York, Urtubey prometió un acuerdo con los fondos buitre y comenzó gestiones con el Banco Mundial para endeudarse y financiar así, al menos en parte, una salida muy progresiva del cepo cambiario. Más allá de la obvia señal al círculo rojo y a los mercados, la de Scioli fue hasta ahora la única iniciativa de entablar un diálogo con los holdouts.

La otra señal a los independientes que votarán el domingo y que Scioli necesita fue la de dar a conocer el equipo de gobierno que lo secundará, que no incluye a nadie del núcleo duro del cristinismo ni a gente de La Cámpora. Habrá que ver el lunes, con el escrutinio en mano, si alguna de estas estrategias de despersonalización política y programática, tanto de uno como de otro candidato, sirvieron para algo.
Fuente:diarioz.com.ar

You May Also Like