Energía cooperativa

Hay días en que los vecinos de Los Pinos no pueden disfrutar de hábitos tan simples como salir al patio a tomar algo fresco o juntarse con amigos a comer un asado al aire libre. Los habitantes de esta comunidad rural del partido bonaerense de Balcarce deben compartir las cenas con moscas y fuertes olores provenientes de las grandes cantidades de desechos pecuarios que se acumulan por doquier sin encontrar un mejor destino. Además, sufren cortes frecuentes del suministro eléctrico y, en consecuencia, se dificulta el acceso al agua, ya que la forma de extraerla es a través de bombas eléctricas. Tampoco cuentan con red de gas natural y dependen del uso de garrafas o de leña para calefacción y cocción.

La investigadora del CONICET Mercedes Echarte, oriunda de Balcarce, decidió utilizar sus conocimientos técnicos para encontrar una solución que pudiera resolver más de un problema: un biodigestor para obtener gas a partir de los desechos pecuarios. Además de la científica —que trabaja en la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)— participaron del proyecto investigadores de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) y del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

Echarte le dijo a TSS que a partir de la puesta en marcha del proyecto los vecinos comenzaron a apropiarse de la tecnología y decidieron conformar una cooperativa para administrar el servicio de gas y sostener el desarrollo a largo plazo. El proceso llevó alrededor de un año y numerosas reuniones informativas con la comunidad. Al principio, los vecinos que asistían eran pocos y, por entonces, los técnicos del INTA les pidieron ayuda a investigadores del área de Ciencias Sociales de la UNMDP, que manejaban mejor las herramientas de transferencia. Durante esta instancia jugaron un rol importante los grupos de Comercialización y Políticas Agrícolas; y de Economía Social y Solidaria “Otra economía es posible”. Así, las reuniones, que incluyeron hasta una choripaneada, comenzaron a tener cada vez más interesados.

“Se conformó un grupo de vecinos muy leales y trabajadores, que son los verdaderos protagonistas. Cuando llegó el momento de pensar en cómo se administraría la unidad, ellos mismos propusieron formar una cooperativa, a pesar de que en Los Pinos no había una organización vecinal y no tenían experiencia en trabajo asociativo. Actualmente se mueven de forma organizada, de una manera que nos emociona”, dijo la investigadora.

El INTI se encargó del diseño y la construcción de la planta, junto con al ingeniero Jorge Wechsler, de la empresa Wemar, a quien Echarte destaca como un “ángel técnico”, por su aporte desinteresado al desarrollo.

La idea se transformó en proyecto cuando la investigadora obtuvo un subsidio del Instituto Wuppertal (Alemania) para financiar lo que denominó como “Unidad de Demostración de Biogás para el Desarrollo de Energía Rural Sustentable”. Para implementarlo fueron a ver al intendente de Balcarce, quien decidió hacer el proyecto piloto en Los Pinos, que tiene alrededor de 350 habitantes. La idea es que, más adelante, el proyecto de generación de biogás a partir de residuos pueda ser replicado en otras comunidades que tienen problemáticas similares.

“Si bien la generación de biogás es una tecnología madura, siempre es necesario hacer un trabajo de adaptación a las condiciones locales porque varían los sustratos, las condiciones ambientales y los esquemas organizativos”, apuntó Echarte. “En la Argentina, el recurso del biogás todavía está subutilizado, ya que hay muchos proyectos en marcha pero, en general, buscan transformarlo en energía eléctrica, inyectarlo a la red y quizás obtener algún ingreso. Este proyecto tiene una arista más social, de administración y operación comunitaria. Que yo conozca, no hay otro similar en el país”, afirmó.

Un gas que no tiene desperdicio

La disposición final de los desechos provenientes del ganado es un problema que enfrentan muchos productores. Hay normas para el tratamiento de estos residuos pero es una actividad difícil de controlar y algunos optan por volcarlos a los cursos de agua. Otros lo usan como fertilizante en sus cultivos. En Los Pinos, algunos productores cuentan que antes se lo vendían a huerteros como abono. Sin embargo, tiempo después, los huerteros ya no lo compraban y se lo terminaban regalando. Finalmente, dejaron de ir a buscarlo y el productor terminó pagando para que se lo llevasen. De este modo, los residuos no solo implicaban un problema de contaminación, sino también un costo de producción.

La cantidad de biomasa disponible es tal que, según el relevamiento realizado en la comunidad, serviría para alimentar una planta diez o quince veces más grande que la que se está construyendo. Pero por algo se empieza: la obra en curso es un biodigestor de concreto con capacidad para almacenar 100 metros cúbicos. El proceso comienza en un piletón que contiene la mezcla biomásica, principalmente compuesta por excrementos de gallinas y cerdos. De ahí, se bombea al biodigestor, donde las bacterias mesófilas —aquellas que descomponen la materia orgánica a una temperatura promedio de 30 grados centígrados— hacen su trabajo en condiciones anaeróbicas (de ausencia de oxígeno). Posteriormente, una tubería perimetral colecta el biogás y lo envía a la unidad de acondicionamiento para su utilización en el hogar. Además del gas, del proceso también se obtiene un sustrato que puede utilizarse como fertilizante.

“Este proyecto es un desafío tremendo porque me saca del laboratorio. Tengo una mezcla de satisfacción y miedo porque la comunidad está esperando un servicio y ahora que el proyecto está en marcha tiene que funcionar bien. También siento mucha emoción cuando veo a la gente de Los Pinos tan involucrada, porque se adueñaron del proyecto y se unieron más. El otro día, un vecino le decía a otro que hacía 20 años que no iba a su tambo. Los vecinos estaban atomizados y a partir de este proyecto lograron organizarse”, resaltó la investigadora.

Actualmente, se está construyendo el piletón que contendrá la mezcla. La obra completa debería estar finalizada en marzo del año que viene y estar operativa en junio. La cooperativa está cerca de ver la luz: el acta constitutiva y los documentos de creación se encuentran en el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), y los vecinos están trabajando en observaciones menores para obtener la aprobación del trámite. Mientras tanto, los técnicos siguen trabajando en la caracterización de una mezcla más óptima para el biodigestor. “Queremos que empiece a funcionar durante el verano para aprovechar las temperaturas altas, porque todavía no tenemos los fondos para construir el sistema de calefacción”, explicó Echarte. Por Nadia Luna
Fuente: agenciatass.com.ar

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