¡¡¡Felíz Día de la Independencia Argentina!!!

La declaración de independencia de la Argentina fue una decisión tomada por el Congreso de Tucumán que sesionó en la ciudad de San Miguel de Tucumán de las entonces Provincias Unidas en Sudamérica. Fue proclamada el 9 de julio de 1816 en la casa que era propiedad de Francisca Bazán de Laguna, la cual fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. Con dicha declaración, se rompían los vínculos de dependencia política que los gobiernos locales tenían con la monarquía española.

 

Antecedentes

 

El virreinato del Río de la Plata fue creado en 1776 en el marco de las reformas borbónicas separándolo del virreinato del Perú. Ocupaba los paises actuales de Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia o Alto Perú y algunas regiones de los actuales Perú, Chile y Brasil. La ciudad de Buenos Aires fue elegida como capital por su posición geográfica estratégica en un estuario que daba acceso directo al río de la Plata que navegándolo permitía llegar hasta el mismísimo Potosí. Por eso los ingleses lo deseaban tanto, permitiría la navegación y el comercio hasta bien dentro del continente sudamericano.

 

Carlos III, rey de la Monarquía Hispánica, creyó conveniente reforzar esta zona y y dotarla de más medios y favorecerla en aspectos económicos y comerciales por la ampliación del comercio entre Europa y las Indias, la preeminencia británica en los mares, que ya habían ocupado las islas Malvinas, y el expansionismo portugués en las fronteras cercanas al estuario del Río de la Plata. Así como la lucha contra el contrabando mediante el reforzamiento de las poblaciones existentes y la creación de nuevas fortalezas costeras.

 

Primer ataque inglés contra Buenos Aires en 1806

Esta importancia estratégica que estaba tomando el Río de la Plata en Sudamérica y la presencia de un tesoro de plata en la Ciudad de Buenos Aires atrajeron a la flota del Almirante inglés Home Riggs Popham, buen amigo de Francisco de Miranda,  y el general William Carr Beresford que atacaron la capital rioplatense desembarcando en Quilmes y la tomaron el 27 de junio de 1806.

 

La defensa de la ciudad por parte de los criollos es tomado por la historiografía argentina como el inicio de la formación de una identidad nacional propia. La huída de la ciudad ante el ataque inglés por parte del virrey Rafael de Sobremonte con el Tesoro Real fue tomada por los bonaerenses como un acto de cobardía y abandono de sus obligaciones, dejando a los funcionarios españoles en muy mala posición. Probablemente este hecho fue el pretexto que los alborotadores revolucionarios necesitaban para ir creando un clima de animadversión entre el pueblo bonaerense hacia las autoridades virreinales.

 

Sin embargo, por mucho que se diga, la actitud del virrey fue irreprochable al cumplir las normas a las que estaban sujetos los virreyes y gobernadores españoles de salvarse a ellos mismos y al Tesoro Real en caso de ocupación extranjera. Su libertad de operar y la disposición de recursos económicos garantizaba el funcionamiento político y militar del virreinato y su viabilidad económica aun cuando la capital o un parte del virreinato estuviesen ocupados. Si ambos caían en manos extranjeras todo estaba perdido.

 

Su camino hacia Córdoba fue muy complicado por el mal estado de los caminos embarrados por las lluvias. La lentitud del viaje auguraba una captura por parte de los ingleses por lo que para acelerar el paso decidió dejar parte del tesoro escondido en el cabildo de Luján. Pero no sirvió de nada. Hasta allí llegaron los soldados ingleses conducidos por criollos amenazados de que si no entregaban el tesoro a su graciosa majestad lo pagarían ellos con sus bienes. El chantaje funcionó y se hicieron con parte del tesoro que fue enviado a Inglaterra para ser ingresado en el Banco de Londres en un multitudinario paseo triunfal en ocho carros tirados por seis caballos cada uno. Los generales ingleses fueron condecorados y homenajeados por “su valerosa conducta y por abrir una nueva fuente de comercio a las manufacturas de la Gran Bretaña, despojando a sus enemigos, de una de las más ricas y más extensas colonias en su posesión”. El expolio británico de la América Española había empezado y ello llevaría a la ruina a todas sus regiones.

 

Igualmente, a pesar de su salida de Buenos Aires, Sobremonte trató de organizar con muy pocos medios la reconquista de la ciudad y montó un ejército de más de 3000 hombres a la par que Santiago de Liniers la preparó desde Montevideo, con el apoyo del gobernador Pascual Ruiz Huidobro, para incursionar desde Colonia del Sacramento. El ataque ocurrió en agosto de 1806 en el que las tropas de Liniers junto a las de Pueyrredón y la colaboración inestimable del pueblo, que atacó con lo que tenía a mano, encerraron a los ingleses en el Fuerte de Buenos Aires y fueron finalmente derrotados el 12 de agosto.

 

El virrey llegó tarde y fue rechazado por una movilización revolucionaria que propuso un cabildo abierto el 14 de agosto para tratar sobre el asunto de la defensa de la ciudad. En él Santiago de Liniers fue nombrado gobernador militar de la plaza y la Audiencia y el Cabildo como cabeza de la administración civil. El virrey había sido depuesto por una autoridad civil, algo inédito en América. Un auténtico golpe de estado aprovechando el desconcierto generado por los ingleses. Probablemente algo tuvieron que ver las Logias Másónicas creadas por éstos durante su estancia en Buenos Aires, como la “Estrella del Sud” (con diario incluido impreso durante varias semanas) y la “Hijos de Hiram“. Sobremonte, ante esta situación y para no evitar más problemas, decidió esperar a la decisión del Rey y marchó a Montevideo desde donde empezó a organizar la defensa ante otro posible ataque inglés.

 

Segundo ataque inglés en 1807

En 1807 los ingleses volvieron a atacar pero esta vez lo iniciaron desde Montevideo, ciudad que bombardearon y tomaron al asalto el 3 de febrero por el general inglés Samuel Auchmuty. Desde allí y tras recibir varios refuerzos el 28 de junio comandados esta vez por el general John Whitelocke y su ejército de 10.000 hombres desembarcaron en la Ensenada de Barragán. Estaban a tan solo 60 kilómetros de Buenos Aires. Iniciaron su marcha y en Miserere derrotaron a las tropas de Santiago de Liniers, que había dejado desguarnecida la ciudad para hacer frente a los ingleses en campo abierto. Pero la ciudad, encabezada por el Alcalde Martín de Álzaga, se preparó para su defensa creando trincheras y parapetos y armando a toda la población.

 

Los ingleses llegaron hasta las puertas de la ciudad sin ningún tipo de obstáculo. Decidieron atacarla entrando con 13 columnas que se unirían en el centro de la ciudad para terminar con los reductos militares porteños. Lo que no esperaban es que a su paso fueron constantemente atacados por el pueblo de Buenos Aires que desde sus casas les arrojaba aceite y agua hirviendo y todo tipo de objetos. Algo para lo que no estaban preparadas las tropas regulares. Tras ser duramente castigados y masacrados el 6 de julio  los ingleses aceptaron un armisticio retirándose tanto de Buenos Aires como de Colonia del Sacramento y Montevideo.

 

Santiago de Liniers confirmado como virrey

Tras estos sucesos Liniers fue confirmado como virrey desde España pero duraría poco ya que su condición de francés y su comportamiento ante una visita de un enviado de Napoleón le granjearon la desconfianza de los porteños. Pidió la neutralidad del virreinato ante los gravísimos hechos que estaban ocurriendo en España con la ocupación francesa provocando la reacción del gobernador de Montevideo Francisco Javier de Elío que creó el 20 de septiembre de 1808 una Junta de Gobierno en su la ciudad y se desvinculó de Buenos Aires. Liniers tuvo que luchar contra un levantamiento protagonizado por el gobernador y Martín de Álzaga pero fue derrotado pronto. La Junta Suprema Central de Sevilla envió un nuevo virrey libre de sospechas afrancesadas, Baltasar Hidalgo de Cisneros, que expulsó a Liniers a Mendoza, aunque terminó estableciéndose en Córdoba. Allí recibió noticias de la revolución de Mayo y se unió a los contrarrevolucionarios cordobeses que fueron derrotados por el general Francisco Ortiz de Ocampo que provocó la desbandada del ejército y el fusilamiento de sus cabecillas, incluido Liniers.

 

La Revolución de mayo de 1810

Las actividades revolucionarias de las logias desembocaron en los primeros disturbios de la revolución de mayo que tuvieron lugar durante la llamada “Semana de Mayo” de 1810, concretamente entre el día 18, día que se confirmó la caída de la Junta Suprema Central de Sevilla, y el 25 en que se creó la Primera Junta que no reconocía al Consejo de Regencia de España e Indias pero sí al rey Fernando VII.

 

Con la caída de la Junta sevillana desaparecía también la legitimidad del virrey Cisneros, según los rebeldes, por haber sido nombrado por ella. Los revolucionarios rápidamente movieron ficha y presionaron al virrey para convocar un cabildo abierto. Como ya había ocurrido en otras ciudades hispanoamericanas (la Conspiración de Querétaro en México, los tumultos de Bogotá o rebeliones de Tacna en el Alto Perú) las logias masónicas (Logia Independencia y de la Sociedad de los Siete) y sus revolucionarios actuaron inmediatamente para imponer su revolución liberal y el terror alrededor del cabildo con sus Legiones Infernales o chisperos, que eran hombres armados a sueldo de los revolucionarios y que a través de la amenaza y el tumulto lograban influir en los acontecimientos políticos. El 22 de mayo en ese cabildo, con mayoría de liberales-masones frente a los realistas, depusieron al virrey y crearon una Junta Provisional Gubernativa presidida por el mismo y que no duró mucho ya que fue derogada, quitándose de encima a Cisneros.

 

Primera Junta

Pero los revolucionarios querían más, la Revolución de mayo continuaba. El día 25 crearon en la Plaza una movilización popular con escarapelas y mucho ruido que presionó al cabildo abierto en el que se escenificó una “Petición del Pueblo” firmada por los principales líderes revolucionarios y en la que se supone que el pueblo exigía la formación de una nueva junta llamada Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, creada en nombre del Señor Don Fernando VII y que la historiografía llama Primera Junta.

 

En esta junta no hay más que ver quién la formaba para ver que el pueblo poco tenía que ver con ellos. El presidente fue el masón Cornelio de Saavedra y como vocales los también masones Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea y como secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno.

 

La revolución ya estaba lanzada, ahora había que actuar con sigilo para terminar bien el trabajo. Se enviaron circulares a las ciudades del interior para que nombrasen  representantes a la Junta, cuando en principio se les había prometido un Congreso, se exigió un juramento de obediencia a los funcionarios de otras instituciones y se formó un ejército de la revolución a partir del Regimiento de Patricios que pasó a ser Regimiento 1º y 2º de infantería y que tendría gran importancia en los guerras y enfrentamientos en los siguientes años. Las primeras operaciones de este ejército fueron contra Córdoba, en donde se había organizado una contrarevolución y contra el Alto Perú, que ocuparon tras la victoria en la batalla de Suipacha.

 

Junta Grande

A finales de año, en el mes de diciembre, se incorporaron a la Junta diputados llegados desde el interior formándose la Junta Grande en la que ya se encontraban representadas todas las provincias rioplatenses. Pero este cambio no gustó mucho a los porteños porque perdían influencia en la misma. Tras varias derrotas militares y el ataque de Buenos Aires por parte de la escuadra española de Montevideo el 22 de septiembre de 1811 la Junta fue duramente criticada por considerarla lenta y pesada en sus decisiones haciéndola responsable de esas derrotas militares. Por ello es extinguida y se crea el Primer Triunvirato (1811-1812) para quitar poder a las provincias y devolverle el peso al centralismo porteño.

 

Primer Triunvirato (1811-1812)

Y así lo hicieron, pero fue tanto su centralismo político que se produjeron los primeros enfrentamientos en el Motín de las Trenzas al intentar sustituir a Cornelio Saavedra por Manuel Belgrano al frente del regimiento de Patricios. El hecho fue aprovechado por el triunvirato para expulsar a los diputados de provincias del gobierno y suprimir las juntas provinciales que fueron sustituidas por gobernadores y delegados elegidos por él, todos estos, evidentemente, porteños.

 

Este triunvirato no duraría mucho. El ejército realista del Alto Perú reconquistó algunas regiones del norte argentino y desde Buenos Aires se ordenó al ejército de Belgrano retroceder hasta Córdoba, pero éste no hizo caso y se enfrentó a los realistas logrando la victoria de la batalla de Tucumán haciéndoles retroceder. Este hecho, el haber ordenado la retirada erróneamente, forzó un golpe de estado organizado por el coronel José de San Martín, que llegó a Buenos Aires unos meses antes en la fragata George Canning procedente de Londres con todo un plantel de masones dispuestos a todo, y formaron el 8 de octubre de 1812 el Segundo Triunvirato, integrado por Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio Álvarez Jonte.

 

Asamblea del Año XIII

El 31 de enero de 1813 se constituyó la Asamblea del Año XIII o Asamblea General Constituyente y Soberana del Año 1813 formada por 17 diputados de todas las provincias excepto de la Banda Oriental, que fueron rechazados por un formalismo que más bien sonó a una treta para dejarlos fuera, a ellos y a las propuestas de José Gervasio Artigas, líder oriental, que querían implementar un federalismo que no querían en Buenos Aires.

 

En esta asamblea se sentaron las bases de la nueva nación (himno, bandera, escudo, ec) y se presentaron varios proyectos de  constitución política bajo preceptos liberales y republicanos.

 

Congreso de Tucumán y la Declaración de Independencia

 

Varios territorios que habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata no pudieron hacer llegar sus representantes: algunos por haber recaído ante los realistas, otros por estar acometidos por la invasión luso-brasileña. Todas las provincias de la Liga Federal (Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe) intentaron allegar a sus representantes pero estos fueron aprisionados por los agentes del Directorio unitario instalado en Buenos Aires, sólo por su situación estratégica y por la habilidad de sus diplomáticos una sola provincia con gobierno federalista logró hacer llegar sus representantes: Córdoba la cual, aunque no logró hacer triunfar las ideas federales, sí representó el ideario preconizado por José Gervasio Artigas. En cuanto a Paraguay, tal territorio se declaró independiente (tras haber estado confederado) ante las actitudes hipercentralistas del Directorio establecido en la ciudad Buenos Aires, en cuanto a los territorios de la Patagonia, Comahue y el Gran Chaco se encontraban bajo el dominio de los llamados pueblos originarios. El Congreso se inició el 24 de marzo con la presencia de 33 diputados.

 

La situación de guerra abierta con la monarquía española y la creciente injerencia del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve hizo que, tácticamente, muchos de los que podían tener simpatías por el federalismo, decidieran abroquelarse monolíticamente en una especie de “unitarismo” coyuntural ante los ataques externos.

 

Por otra parte, el Congreso, en la memorable sesión del 9 de julio de 1816, reivindicó la casi totalidad de lo declarado en el llamado Congreso de Oriente reunido a pedido por José Gervasio Artigas en Arroyo de la China a mediados de 1815. Entre otras cruciales intenciones que se establecieron en el Arroyo de la China, en el Congreso de Tucumán se proclamó la declaración de independencia argentina respecto de España y (tras una semana) de toda otra dominación extranjera.

 

Según la decisión de los propios delegados, la presidencia del Congreso era rotativa y cambiaba cada mes. Este cuerpo, tenía además, la facultad de intervenir en casi todos los asuntos que se presentaban a su consideración. Esto provocó interminables debates.

 

La votación finalmente se concretó el 9 de julio. En ese momento presidía el cuerpo, el representante de San Juan, Francisco Narciso de Laprida. Ningún país reconoció, en ese momento, la independencia nacional. Las discusiones posteriores giraron en torno de la forma de gobierno que debía adoptarse para el nuevo Estado.

 

Las labores del Congreso continuaron en Buenos Aires, donde comenzó a deliberar en 1817, y donde sancionó la Constitución Argentina de 1819. El Congreso fue disuelto en 1820, tras la derrota del Directorio en la batalla de Cepeda, que marcó el inicio de la anarquía del Año XX.

 

Acta de la Independencia

 

En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de 1816: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España, los representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya pueblos representados y posteridad. A su término fueron preguntados ¿Si quieren que las provincias de la Unión fuese una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primeramente llenos de santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país, fixando en su virtud la declaración siguiente:

 

“Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general, invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad bajo el seguro y garantía de sus vidas haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación. Y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.” Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios.

 

El 19 de julio, en sesión secreta, el diputado Medrano hizo aprobar una modificación a la fórmula del juramento. Donde decía «independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli», se añadió

Celebración oficial del 9 de Julio

 

El 6 de julio de 1826, el presidente Bernardino Rivadavia ordenó que el 9 de Julio se conmemorase juntamente con el 25 de Mayo pues consideraba que la repetición de estas fiestas irroga perjuicios de consideración al comercio e industria.

 

Pero Juan Manuel de Rosas, durante su segundo gobierno, y a punto de celebrar los 20 años de la declaración de la Independencia, dispuso mediante un decreto promulgado el 11 de junio de 1835, que la celebración del 9 de Julio debía hacerse con los mismos preceptos que el 25 de Mayo.

 

Se reproducen aquí los artículos primero y segundo del mencionado decreto:

 

Art. 1º- En lo sucesivo el 9 de Julio será reputado como festivo de ambos preceptos, del mismo modo que el 25 de Mayo; y se celebrará en aquel misa solemne con Te-Deum en acción de gracias al ser Supremo por los favores que nos ha dispensado en el sostén y defensa de nuestra independencia política, en la que fuese posible, el muy Reverendo Obispo Diocesano, pronunciándose un sermón análogo a este memorable día.

Art. 2º- En la víspera y el mismo día 9 de Julio, se iluminará la ciudad, la Casa de Gobierno y demás edificios públicos, haciéndose tres salvas en la Fortaleza y buques del Estado, según costumbre.

Fuente:tucumanoticias

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