Furia presidencial

La presidenta está furiosa porque siente que la metieron en un callejón sin salida. Golpe de timón que se tomó en soledad, frente a unos pocos íntimos.CFK

Siempre la Secretaría

Hace meses que el gobierno sabe que 2015 sería un año movido, que desde la Secretaría de Inteligencia lanzarían distintas bombas. Creen que de ahí salió la data sobre corrupción, y que la movida AMIA es sólo el comienzo de un ataque más pesado. Nadie en su sano juicio removería a un hombre clave de la ex SIDE (Stiusso) a menos que tuviera profundas razones para hacerlo.

Ayer el Partido Justicialista salió con los tapones de punta. La orden de alinearse surgió en un contexto de incertidumbre en el que no todos tienen acceso a la presidenta y hasta están sorprendidos por esa carta donde alimenta la versión del asesinato de Alberto Nisman (saben que Cristina aún cree en el suicidio), cambiando de perspectiva en menos de 48hs.

Cristina está furiosa. Si bien es cierto que su sorprendente golpe de timón tiene por objetivo alinearse con la opinión pública (nadie parece creer en el suicidio), y a través de la victimización instalar la idea de golpe institucional en ciernes, al mismo tiempo reconoce que fue muy mal asesorada por Berni quien no la alertó sobre las dudas que generaría este caso. El “superhéroe”, que además es soldado de Scioli, minimizó el impacto de la muerte de Nisman y actuó con escaso profesionalismo a la hora de entender la escena y prever las diferentes lecturas que generaría. La primera mandataria fue mal asesorada y el único responsable parece ser Berni.

Al inclinarse por la hipótesis de asesinato, Cristina puede caer con mayor fuerza sobre el Secretario de Seguridad (también sobre todo su equipo) y a través de él impactar a Scioli. El Gobernador hizo una apuesta fuerte al participar de la reunión del Partido Justicialista pero no podía hacer otra cosa. Durante los últimos días sus asesores trataron de advertirle sobre los riesgos de esta situación crítica. Sin embargo él sigue firme en la idea de no abandonar el barco. Entiende (y entiende bien) que su destino y el de Cristina están muy ligados.

¿Golpe?

El discurso del Partido Justicialista fue un poco exagerado aunque tiene cierto grado de verosimilitud.

Es cierto que parte del establishment, apoyado en la ex SIDE, quiere minar el poder presidencial.

¿Por qué?

Tal cual estaban los números antes del affaire Nisman, Cristina hubiera tenido enorme influencia sobre el próximo proceso electoral, tanto que a su alrededor comenzaron a surgir distintos candidatos con potencial.

La idea de una continuidad en las sombras resulta inaceptable para muchos factores de poder y en ese sentido la teoría golpista tendría cierto sentido. Claro que de ahí a la noción de golpe de estado hay muchísima diferencia, más aun, cerrando filas y endureciendo el discurso es probable que el kirchnerismo le haga el juego a sus enemigos: Mantendrá el 35% de su base estable pero generará enorme desconfianza en una opinión pública que está harta de muertes sin explicación o casos que jamás se resuelven, o se resuelven en medio de mucha desconfianza.

La victimización presidencial tiene un límite: La propia historia K dejó un tendal de misterios sin resolver y sospechas varias.

Ahora bien, el principal enemigo de Cristina y Scioli es la Secretaria de Inteligencia que se ofrece a otros poderes (el establishment); es decir, hay un enemigo conocido que en el pasado fue socio.

El peor de los escenarios.

Día de furia

Sola, frente a su tradicional taza de té, Cristina Kirchner decidió que debía dar un fuerte golpe de timón. Se justificó a sí misma a partir de la deficiente información que le entregaron durante las primeras horas de que fuera encontrado el cadáver de Alberto Nisman.

También, como dijimos, pesó el hecho de que la opinión pública se inclinará por la idea del asesinato; al fin del día es un animal político y hace lo que debe (más allá de la verdad o sus creencias).

A diferencia de lo que pretenden instalar su estado de ánimo es enojo y furia, en especial porque circuló muy fuerte el rumor de una potencial renuncia; alejamiento del poder que suena descabellado pero ya estuvo girando en la cabeza presidencial durante la crisis del campo. El propio Néstor intentó convencerla de las ventajas de abandonar la Casa Rosada.

Hoy por hoy Cristina no está preocupada por la causa, tampoco le interesa el destino de Scioli (otros de los “apuntados” por la Secretaría) quien hace rato comenzó a alejarse, sí teme una diáspora entre aquellos personajes que, sabiéndola poderosa a la hora de señalar al próximo presidente (o por los menos sobre quienes serían los pesos pesados en la argentina post octubre), temen que este caso la deje fuera de camino o la transforme en una figura sin peso real.

El kirchnerismo tiene una neumonía (no una enfermedad terminal); obvio que mal curada puede matar.
Escribe OMAR BELLO
Fuente: laverdadonline.com

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