Homero Manzi: Hombre de letras o letras para los hombres

Homero Nicolás Manzione nació el 1° de noviembre de 1907, sexto de los ocho hijos de Luis Manzione y Angela Prestera. Su madre era uruguaya y su padre argentino, un pequeño hacendado santiagueño

A los siete años fue enviado a Buenos Aires al cuidado de su hermano Luis, realizó sus estudios primarios en el Colegio Luppi del barrio de Pompeya, en este barrio y en Boedo transcurrirá gran parte de su vida, conociendo lugares y personajes que tan brillantemente describió en sus tangos.

A los 19 años ingresó a la Facultad de Derecho de donde fue expulsado durante la “Década Infame” por su militancia yrigoyenista, por los mismos motivos se le impidió ejercer la docencia.

Desde muy joven abrazó la causa del radicalismo influenciado por su familia que adhería a ese movimiento político, nunca se le borró la imagen del caudillo radical aquél 12 de octubre de 1916 cuando asumió la presidencia de la Nación en los primeros comicios limpios que conocía la República.

Decía Manzi recordando: “cuando a los ochos años de edad lo vi pasar de pie sobre su coche, emergiendo del fondo de la multitud, como si saliera, a la manera del sol, de la línea del horizonte, avanzando por sobre las cabezas del pueblo y escuchando el griterío enronquecido de amor, sin un gesto, como si esas voces hubieran resonado eternamente en su soledad”.

Jauretche que conoció a Manzi en la Facultad de Derecho y del que se hizo amigo, reconoció la influencia de Manzi en su pensamiento, particularmente esa visión del caudillo que tanta importancia adquiere en los países latinoamericanos, y que con tanto desprecio lo trataban los intelectuales, particularmente los de izquierda.

Dijo Jauretche sobre Manzi: “Mucho de mi yrigoyenismo se lo debo a Manzi…Yo era nuevo en el yrigoyenismo. El era antes que yo, yrigoyenista. El me dio una de las explicaciones más orgánicas, tal vez más poéticas del caudillo…Sí, posiblemente es el aporte que más contribuyó a consolidar mi yrigoyenismo, que había sido el producto de una evolución puramente intelectual en el primer tiempo. Yo no llegué a Yrigoyen por Yrigoyen sino por la comprensión de lo popular. Yrigoyen, para mí, era válido como expresión de populismo. Le debo a Homero la comprobación, del valor de Yrigoyen por Yrigoyen mismo… En realidad yo soy un populista. Frente al fracaso de las ideologías, constante en América, cosa que empecé a percibir con el fenómeno mexicano, empecé a comprender la significación de los caudillos…Era subsidiariamente yrigoyenista. Primero populista, luego yrigoyenista. Les debo a otros, pero en especial, a Homero Manzi, la comprensión del caudillo, del individuo Hipólito Yrigoyen y lo que significó…Manzi estaba muy madurado, maduró temprano”.

Homero era un militante con predicamento en el Barrio de Boedo y aledaños, de la mano de él, Jauretche también comenzó a actuar dentro del radicalismo en dicho barrio, se encontraban en el café “Dante, el bar “El aeroplano”, la peña “Pacha Camac” y la librería de Munner.

El poeta

Pero Homero Manzione, que acortó su apellido a Manzi, cuando comenzó a escribir letras de canciones, también tenía pasión por la literatura, que expresó exclusivamente en las letras de las canciones que escribió. Esta actividad lo apartaba cada tanto de la actividad política, era el mundo de la bohemia transnochada del mundo del tango, no obstante pudo mantener ambas actividades y hasta incluyó otra más, como la crítica radiofónica que ejerció en las revistas Radiolandia y Micrófono.

Su primera letra musical fue de 1922 con el vals que se llamó “¿Por qué no me besas?”, tema con música de Francisco Caso y grabado posteriormente por Ignacio Corsini. Su primer tango se llamó “Memorias a Taborda” y no tuvo demasiado eco.

Compuso una gran cantidad de tangos que son clásicos, y a diferencia de otros autores no utilizó el lunfardo para expresarse.

Fue un gran amigo de otro gran autor Enrique Santos Discépolo, pero algo los diferenciaba, mientras Discépolo nunca tuvo militancia política siempre mostró una honda preocupación por lo social, esto no se vislumbra en las letras de Manzi, quién siempre mostró una gran dedicación por lo social en su militancia política.

En 1934 sale segundo en un concurso de Poesía con “El pescante”, luego Sebastián Piana pondrá música para convertirlo en uno de sus tangos. Uno de los versos dice:

“Yunta obscura trotando en la noche

latigazo de alarde burlón,

compadreando de gris sobre el coche

por las piedras de Constitución”

Resistencia yrigoyenista

Con el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen el 6 de septiembre 1930, y el comienzo de la dictadura de Uriburu, los jóvenes yrigoyenistas como Manzi y Jauretche se lanzaron a una febril militancia indignados por el avasallamiento de la voluntad popular, la casa de Homero Manzi se convirtió en un virtual comité.

Estos jóvenes eran partidarios de una salida insurreccional que derrocara a la dictadura, por eso en la casa de Manzi se acumulaba pólvora simulando ser tierra para las macetas, la idea era construir bombas caseras que serían colocadas en el momento del levantamiento insurreccional, pero muchas veces la manipulación de dichos elementos causaban accidentes, parte del baño de la casa de Manzi fue destruido por el manejo incorrecto de la pólvora.

Todas estas actividades políticas eran muy peligrosas porque el gobierno de Uriburu había comenzado a detener opositores y someterlos a torturas, práctica que se hizo habitual a partir del nuevo invento argentino: la picana eléctrica.

En julio de 1931 el teniente coronel Gregorio Pomar intenta un levantamiento que fracasa, el gobierno acentúa la represión y las detenciones, Alvear debe partir al exilio europeo, mientras tanto Hipólito Yrigoyen continuaba detenido.

En 1931 se creó el Movimiento de Continuidad Jurídica conformado por fieles yrigoyenista, el cual constituyó un directo antecedente de FORJA creada en 1935, la conducción del Movimiento estaba formado por Arturo Jauretche, Juan B. Fleitas( ex ministro de Irigoyen) Manuel Ortiz Pereyra y Homero Nicolás Manzione. Esta junta comenzó a realizar reuniones con Hipólito Irigoyen luego de su liberación.

El radicalismo estaba proscripto y por lo tanto el gobierno veta la fórmula Marcelo T. Alvear – Adolfo Cüemes, por lo que el radicalismo decide abstenerse, las elecciones eran totalmente fraudulentas, espúreas y carentes de validez, pero ahí aparece el ala izquierda del frente oligárquico que con su presentación legitima aunque sólo en parte, la elección, la fórmula Lisandro de la Torre – Nicolás Repetto fue derrotada.

El 19 de febrero de 1932 un día antes de la asunción de Justo, Hipólito Yrigoyen recuperó la libertad. Diversos sectores radicales se reunieron frente a su casa en Sarmiento 944 y vitorean al caudillo.

En marzo de 1932 Manzi es elegido a la Convención Metropolitana del Radicalismo por la octava del barrio de San Cristóbal Norte.

El 3 de julio de 1933 murió Yrigoyen, su sepelio fue el 6 de julio con una multitud que acompañó el cuerpo del caudillo radical.

En diciembre de 1933 una sublevación al mando del teniente coronel Roberto Bosch toma por unas horas la ciudad correntina de Paso de los Libres, la columna estaba formada por 150 hombres entre los cuales se encontraba Arturo Jauretche. También hubo sublevaciones en Santa Fe, Rosario, Cañada de Gómez, Rafaela y varios pueblos de Buenos Aires y San Luis. El mayor Domingo Aguirre tomó Santo Tomé en Corrientes.

Como en ese momento estaba reunida la Convención Nacional del radicalismo, los convencionales fueron detenidos, en tanto que el máximo dirigente Marcelo T. Alvear fue enviado nuevamente al exilio.

Jauretche fue detenido en Corrientes donde escribió el poema “Paso de los Libres” que tuvo en su primera edición el prólogo de Jorge Luis Borges, que por aquellos tiempos simpatizaba con el yrigoyenismo.

Forja

En 1935 un grupo de jóvenes radicales conforma Forja (Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina), los mismos proclamaban continuar con la línea consecuente del radicalismo yrigoyenista enfrentados a la conducción partidaria liderada por Alvear más proclive a negociar con el gobierno oligárquico de Agustín P. Justo.

Manzi se encontraba entre los fundadores de Forja y participó de la comisión encargada de redactar la Declaración de Principios de la nueva agrupación, en el momento de elegir a la Comisión Directiva Manzi obtuvo 47 votos y fue elegido, pero renunció aduciendo motivos personales, seguramente sus otras actividades le consumían una importante porción de su tiempo y no estaba dispuesto a renunciar a ellas, especialmente a su actividad literaria.

El 2 de septiembre de 1935 fue entregado al público el primer documento de FORJA titulado “Manifiesto al Pueblo Argentino” con el lema “Somos una Argentina colonial. Queremos ser una Argentina Libre” en la redacción del mismo participó Manzi junto a otros como Jauretche, Scalabrini Ortiz, Luis Dellepiane y Jorge del Río.

Tango y milonga

El trabajo de Manzi como letrista le dio un nuevo impulso a la milonga, con la música en casi todas de Sebastián Piana hizo piezas que perduraron en el recuerdo de los argentinos, algunas de ellas son “Milonga Sentimental”, “Bettinoti”, “Milonga de Puente Alsina”, “Carnavalera”, “Milonga del Novecientos, “Milonga triste” y otras.

Pero su gran trabajo lo realizó con tangos que forman parte de los repertorios de casi todos los cantores de este estilo, alguna de sus creaciones son “El último organito” con música de su hijo Acho, “Ninguna”, en conjunto con Fernández Siro; “Mañana zarpa un barco” y “Malena”, asociado a Lucio Demare; “Barrio de Tango”, “Discepolín”, “Sur” y “Ché Bandoneón” junto a su gran amigo Aníbal Troilo

En sus letras pasan los lugares de Pompeya que recorrió en su niñez para ir y venir del colegio o del barrio de Boedo, que trajinó en su militancia radical.

Estos lugares y sus personajes serán una constante en su repertorio, pero también los habituales del tango, el amor perdido, pero algo más aparece en sus letras y es la nostalgia por las pérdidas que sufre la ciudad ante el avance del progreso.

Esas pérdidas se vislumbran en el “Ultimo organito” o en “Milonga del novecientos” cuando muestra la desconfianza por lo nuevo:

En “Sur” decía:

” Nostalgias de las cosas que han pasado,

arenas que la vida se llevó.

pesadumbre de barrios que han cambiado

y amargura del sueño que murió.”
Fuente: aimdigital.com.ar

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