La Autoridad Palestina financia el terrorismo… con dólares americanos

El legalismo es un rasgo común entre los autoritarios. Las sociedades no democráticas carecen de Estado de Derecho, pero en general no carecen de leyes. Sus leyes, de hecho, nos dicen mucho sobre ellas. En el caso del pago por asesinato, la ley correspondiente es la Legislación Enmendada sobre Presos Palestinos nº 19 (2004).

Garantiza “una vida digna” a quienes Israel haya encarcelado “por su participación en la lucha contra la ocupación”. Es decir, promete beneficios a cualquiera al que hayan cogido por apuñalar, disparar, atropellar o bombardear a gente en Israel. La ley alaba a los terroristas presos como “un sector de lucha” y “parte integral del tejido de la sociedad árabe palestina”.

Los artículos 5 y 8 atañen a los terroristas que abandonan las cárceles israelíes. Quienes han cumplido un año o más están exentos de:

El pago de la matrícula en las escuelas y universidades públicas.
Las cuotas de los seguros sanitarios.
El pago de la matrícula en los programas públicos de formación profesional.

Algunos excarcelados trabajan de funcionarios de la AP. Sus sentencias cuentan como si hubieran trabajado en el sector público: la ley dice que la AP “pagará su seguridad social y sus cuotas de pensiones (…) por los años que hayan pasado en la cárcel”.

Los artículos 6 y 7 atañen a los terroristas que siguen en la cárcel. “Todo preso encarcelado” tiene derecho a un salario mensual “vinculado al coste de la vida”. Una parte va directamente a la familia del recluso.

En 2013, la AP enmendó la ley para prometer empleo a todos los excarcelados y darles “prioridad en los nombramientos anuales en todas las instituciones del Estado”. Si hay trabajo disponible para presos cualificados, la enmienda les da derecho a un salario mensual, a pagos por discapacidad y a prestaciones por fallecimiento, pagaderas a sus familias.

El Estado, dice, “compensará la diferencia” si el salario de un excarcelado que trabaje como funcionario es “inferior que el que percibía en prisión”. La AP paga salarios mensuales vitalicios a los hombres que cumplen más de cinco años de condena y a las mujeres que cumplen más de dos. Quienes han cumplido sentencias relativamente cortas no tienen derecho a un puesto de trabajo; reciben prestaciones por desempleo por su periodo en la cárcel. Los que han cumplido al menos un año “tienen derecho a una única subvención por liberación”.

La ley garantiza “un puesto asalariado en una institución del Estado” a cualquier varón que haya estado diez años o más en la cárcel, y a cualquier mujer que haya estado cinco. Los puestos para dichos presos son de alto nivel y están muy bien remunerados, lo que asegura a los terroristas que han pasado mucho tiempo en la cárcel no sólo bienestar financiero, sino el control de varios aparatos burocráticos de la AP. La AP se ha organizado no sólo para los terroristas, sino con y por los terroristas.

Estas prestaciones también se aplican ahora a “los miembros de la facciones de la OLP arrestados fuera de Palestina por participar en la lucha por la independencia y la liberación de Palestina”. Se pagan bonus si los terroristas son árabes israelíes o residentes árabes en Jerusalén.

La AP creó el Ministerio de Presos y Excarcelados para administrar este programa de ayudas. Le asignó un presupuesto de 118 millones de dólares en 2014 y de 140 en 2016. Para atender a las familias de los terroristas muertos, la AP creó la Institución para la Atención a las Familias de los Mártires. Su presupuesto fue de 163 millones en 2014 y de 175 en 2016.

Son cifras elevadísimas, dado que el total del presupuesto anual de la AP es de aproximadamente 4.400 millones. Reflejan el generoso volumen de los pagos individuales de la AP. Los salarios parten de los 400 dólares al mes para los terroristas que pasan en la cárcel hasta tres años; ascienden a los 570 dólares para los que pasan de tres a cinco años y a 1.142 para los que han estado encerrados entre cinco y diez años. Para los que pasan más de 30 años, el salario es de 3.429 dólares. Estamos hablando de una sociedad en la que el producto nacional bruto per cápita es de 258 dólares al mes.

Las subvenciones únicas para presos excarcelados empiezan en los 1.500 dólares para terroristas que hayan cumplido de uno a tres años, se elevan hasta los 6.000 para los que hayan cumplido entre 11 y 15 y son de 25.000 para los que superen los 30 años.

Los pagos mensuales a las familias de los terroristas muertos son igualmente generosos.

Todos estos pagos se amplían en función de la duración de la pena, que en general se correlaciona con el número de personas que los terroristas hayan matado o herido. Así que, cuantas más víctimas haya en Israel, más dinero paga la AP al terrorista.

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¿Qué lección podemos extraer de esta infraestructura legal y burocrática que premia el terrorismo palestino?

Los apuñalamientos y atropellos que han caracterizado el terrorismo palestino proveniente de la Margen Occidental en los últimos dos años se suelen describir en Occidente como muestras espontáneas de exasperación entre los palestinos frente a las opresoras políticas de ocupación israelíes. Pero el sistema oficial de recompensas al terrorismo pone eso en duda. Si la exasperación fuese un móvil tan poderoso, ¿por qué la AP ofrecería tan suculentos incentivos económicos para espolear a su pueblo a la violencia?

La AP, comúnmente descrita como interesada en la paz y opuesta a la violencia, parece contrastar favorablemente con Hamás. Pero nadie que preste atención puede decir honestamente que la AP se opone al asesinato de israelíes normales y corrientes que van por la calle de camino a su trabajo. De hecho, la AP se involucra en esos asesinatos, si bien se vuelca en modular la violencia. Ataja los ataques procedentes de la Margen Occidental ideados por sus adversarios políticos y trabaja para prevenir la devastadora represalia israelí. Ha tenido éxito en ello durante los últimos doce años.

Según la propaganda de la AP, la única y definitiva manera de que el pueblo palestino mantenga su honor y alcance la justicia es expulsar violentamente a los judíos del territorio. De ahí el ensalzamiento de los terroristas como héroes y mártires, o que se ponga a calles y plazas el nombre de palestinos que han asesinado a israelíes en pizzerías y paradas de autobús; que haya concursos escolares donde se elogia a los niños por decir que de mayores quieren ser asesinos de “ocupantes” judíos; las leyes que prometen cuantiosas recompensas económicas por el terrorismo y los ministerios y demás instituciones que existen para pagar a los terroristas.

En 2014 hubo audiencias en el Congreso de EEUU que arrojaron luz sobre los pagos de la AP a terroristas encarcelados y sus familias. En 2015, el Congreso aprobó una ley para reducir la ayuda estadounidense a la AP en un dólar por cada dólar “gastado por la Autoridad Palestina en pagar actos de terrorismo”. El Servicio de Investigación del Congreso informa de que el Departamento de Estado envió un informe clasificado al propio Congreso sobre cuánto se reducía la ayuda estadounidense a la AP y cómo se había determinado la cifra.

Para minimizar la reducción en las ayudas, la AP parece haber pergeñado un subterfugio y enmascarado dichos pagos canalizándolos a través de la OLP. El Congreso respondió en su ley de apropiación de ayudas para 2017 ordenando una reducción de un dólar por cada dólar destinado a pagos de terroristas y realizados por la AP o por la OLP.

Cada vez más miembros del Congreso son conscientes de la magnitud y formalidad del programa de la AP para recompensar a los terroristas. En buena medida por el asesinato de Taylor Force en marzo de 2016. Force era un licenciado de West Point de 28 años que estaba visitando el puerto de Yafo, una atracción turística de Tel Aviv, cuando fue atacado. El Servicio de Investigación del Congreso describe a Force como un “exoficial del Ejército de EEUU que estuvo de servicio en Afganistán e Irak” e informa de fue “apuñalado hasta la muerte por un atacante palestino” cuando estaba realizando “un programa civil de estudios en Israel”.

Se ha presentado una nueva medida, conocida como la Ley Taylor Force, en el Congreso y el Senado. Condiciona todos los fondos de apoyo económico a la AP a la certificación por parte del secretario de Estado de que la AP “ha puesto fin a los pagos por actos de terrorismo contra ciudadanos de Estados Unidos y de Israel”.

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Los palestinos tienen un liderazgo político execrable desde hace un siglo, desde la Primera Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña acabó con los 400 años de dominio turco sobre Palestina. Sus líderes han optado por el bando antidemocrático –y perdedor– de todos los grandes conflictos durante los últimos cien años. Se alinearon con los turcos en la Primera Guerra Mundial, con los nazis en la Segunda, con los soviéticos en la Fría, con Sadam Husein en la del Golfo y con los enemigos de Occidente en la que se libra actualmente contra el terrorismo. Aún más catastrófico para ellos, se decantaron por los enemigos de Israel en el conflicto árabe-israelí.

Si los líderes palestinos hubiesen elegido ser socios de Israel en vez de sus enemigos, su pueblo podría haber disfrutado de la paz y la prosperidad. De hecho, podrían haber tenido también una independencia nacional basada en el acuerdo, es decir, en la voluntad de compartir la tierra con el Estado de Israel.

A pesar de todo, a pesar de la larga historia de conflicto, aún es posible que los palestinos alcancen algún día la paz, la prosperidad y cierto tipo de independencia nacional. Pero jamás lo conseguirán si siguen estando dominados por líderes mendaces, corruptos, autoritarios y violentos. Nunca llegarán ahí si sus líderes son la clase de personas que pagan recompensas a terroristas asesinos.
Fuente: elmed.io

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