La tribu que dice “sobre mi cadáver” al muro de Trump

En la ardiente arena del desierto entre México y Estados Unidos, los amerindios Tohono O’odham cantan y danzan invocando a su tótem, el águila, contra el muro fronterizo del presidente Donald Trump y que partiría en dos sus tierras ancestrales.

Los ritmos de la danza tribal rompen el silencio del árido desierto de Sonora, mientras las mujeres, descalzas y envueltas en incienso, agitan sus coloridos vestidos en un paisaje de cactus imponentes.

“Este es nuestro territorio ¡y lo queremos sin muros!”, clama Alicia Chuhuhua, de 80 años, representante del Consejo Supremo de la tribu.

Su rostro se frunce mientras lanza su discurso de protesta, entre una bandera de México y otra de Estados Unidos izadas para la ocasión.

En su lengua autóctona explica cómo su tribu, cuya tierra ancestral se extiende por la estadounidense Arizona y la mexicana Sonora, se “rompería” con el muro.
Cerca de 3 mil tohonos viven en la zona, la inmensa mayoría del lado estadounidense, y sus movimientos se han visto limitados en los últimos años por una valla fronteriza cada vez más impenetrable.

“El muro es una violación internacional de los derechos humanos” porque bloquea el libre tránsito de una etnia en su propio territorio, afirma Mike Wilson , que sirvió en las operaciones especiales del ejército estadounidense y, tras retirarse, se convirtió en activista de derechos humanos.

Y asegura que llevará su causa hasta la ONU con el apoyo de otras tribus que forman el Congreso Nacional de Indios Americanos.

De su lado, el gobierno mexicano prometió apoyar a la tribu en una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Pero antes de que se levante el muro, los tohonos o’odham ya están divididos.

Mientras el pueblo se opone fervientemente a él, algunos dirigentes parecen temerosos de perder las subvenciones del gobierno federal.

Verlon Jose, vicepresidente de la nación Tohono, se hizo famoso cuando la prensa le preguntó si permitiría la construcción del muro en su territorio.

“Sobre mi cadáver”, dijo categóricamente.

Pero según David García, exmiembro del Consejo Supremo de los tohono, Jose maneja un “doble discurso”. Contactado en múltiples ocasiones por la AFP, Jose no dio declaraciones.

Faith Ramon, de 34 años, que vive en Arizona, aseguró haber sido interceptada por la policía. tribal. “Me siento herida por mis propios líderes tribales”, dice esta estudiante que aboga por “dejar de usar ese papel verde”, los dólares que envía Washington.

Esta línea fue delimitada en 1848 tras una guerra territorial perdida por México. Ambas partes decidieron permitir el libre tránsito de los tohono o’odham, la “gente del desierto”.

La tribu, reconocida como nación autónoma en Estados Unidos, podía cruzar por nueve puertas distribuidas en los 120 km de frontera que abarca su territorio.

Pero esas puertas se fueron cerrando y hoy solo les queda la de San Miguel.

Chuhuhua recuerda su infancia marcada por la vida seminómada de su clan, cuya lengua carece de las palabras “frontera” o “muro”. Ahora, cuando Alicia las necesita, las pronuncia en español.

“En la época de cosecha de pitahaya y saguaro íbamos a las faldas de los cerros. Ahí es donde acampábamos para hacer la miel de saguaro y eso es lo que comerciábamos”, cuenta.

La tribu también cazaba venados y, según relatan los indios, hasta hace una década un camión escolar pasaba diariamente por los niños que vivían del lado mexicano para llevarlos a escuelas en Sells, Arizona, principal bastión tohono o’odham.

Pero ahora hacen contados viajes transfronterizos: deben recorrer largas distancias para pasar por la Puerta San Miguel, cuyo candado sólo es abierto por la patrulla fronteriza si demuestran su pertenencia a la tribu.

El muro “no solo divide nuestro hogar, también nos parte el corazón a la mitad”, lamenta Wilson. Las familias deberían “vivir y sobrevivir juntas”.
Fuente: crhoy.com

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