La tristeza de los domingos

Marcela es una mujer de unos 35 años, maestra, madre de una niña de 10 años, convive con su pareja y a simple vista nada indica los motivos de la profunda tristeza que la asalta los domingos a la tarde.Tristeza

Consulta porque desde hace unos meses no puede contener la angustia ni las lágrimas que salen de sus ojos los domingos a la tardecita.

“Ya probé de todo, mi marido pobre me dice que no me entiende, este domingo me invitó a tomar un cafecito al Café de los Angelitos que es mi preferido para que me ponga contenta. Fui entusiasmada, pero de golpe empecé a sentir otra vez ese dolor en el pecho y los ojos se me llenaron de lágrimas sin saber por qué…” cuenta ella en su primera entrevista.

Ese no saber por qué se convierte en el punto inicial para su tratamiento. Algo le causa malestar, la angustia y la entristece.

Podríamos quedarnos con el simple argumento de que a todos nos pasa lo mismo, que es común que en las guardias médicas los domingos se incrementen los casos de espasmos, ataques de pánico y depresión pero eso no nos llevaría a nada.

Estar bien informados del tema, no logra provocar el alivio esperado.
¿Qué hacer cuando planificar una linda salida no alcanza? Aquí lo importante es cómo atraviesa cada uno esa situación y qué representa en su historia, su subjetividad.

Luego de unas sesiones, Marcela comienza a asociar esa melancolía de los domingos con el final del fin de semana y el tener que volver a las obligaciones de la vida cotidiana el lunes a primer hora.

“Los lunes es el día que me levanto más temprano porque hay cosas que dejo organizadas ya para toda la semana, la ropa, la comida, las planificaciones y planillas para la escuela… ¡ay de solo pensarlo ya me duele la cabeza!” expresa cerrando los ojos con el ceño fruncido.

Y sí, afrontar los deberes y obligaciones que tenemos los adultos no siempre se hace tan fácil en el día a día. Las exigencias de cumplir muy bien el trabajo, ser una buena madre, atenta esposa, organizar la casa y los demás valores impuestos por la sociedad actual elevan el nivel de exigencia al punto de provocarnos un malestar insoportable.

Si nos pensamos a nosotros mismos como una máquina que debiera funcionar bien en piloto automático, ante la mínima sensación de tristeza ya nos invade la certeza de ser disfuncionales, que algo anda mal y debe existir un tratamiento rápido como la píldora de la felicidad.

Para no acongojarse los domingos es bueno afrontar la verdad y trabajar sobre eso. Muchas veces sin darnos cuenta, esa tristeza nos puede llevar a la inacción.

Para Marcela, poder situar esta sensación y darle el contexto necesario al síntoma provocó un alivio que le permitió disfrutar mucho más el final del fin de semana junto a su familia.

Cuando encontramos la manera apropiada de renovar nuestros anhelos, la tristeza de los domingos se esfuma.

Viviana Rosenzwit Lic. en Psicología
Fuente:rapidiario.com

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