Leyendas, mitos y excentricidades de los eclipses de sol

Desde que somos lo que somos, los seres humanos necesitamos encontrarle explicación a todo. Desde aquellos fenómenos que no entendemos hasta cualquier cosa que nos pase y no sabemos por qué. Por eso, a lo largo de la historia, se le ha echado la culpa de todo a un montón de sucesos inocentes.

Según detalla el portal de Todo Noticias, los eclipses no se quedaron fuera de este ejercicio humano. Sobre todo los de sol.

Muchos de los mitos están relacionados con las mujeres embarazadas. Dicen que si la futura madre mira el eclipse, el bebé nacerá lleno de lunares o manchas. También dicen que el eclipse adelanta el parto y que los bebés nacidos en esos días tienen dotes especiales y son más inteligentes.
Los más extremos aseguran que los pequeños pueden nacer con deformaciones. La ciencia ha tratado de explicar que el sol no tiene nada que ver en todo esto.

En China, la tradición decía que un eclipse se producía cuando un dragón intentaba devorar la luz del sol para mandar un mensaje a los humanos. Desde la Tierra, se le respondía con tambores para asustar a la bestia. ¿El resultado? Siempre les funcionaba, porque después del ritual, el sol se despejaba.

En 1560 se avecinaba un eclipse que generó pánico entre los franceses. Como el fenómeno suele estar ligado al fin del mundo, la gente decidió ir a la iglesia para confesar sus pecados. Fue tanta la gente (y probablemente tantos los pecados), que hubo tumultos y se peleaban por llegar primeros. Desbordado, el cura hizo un importante anuncio a la comunidad: “Se ha tomado la decisión de posponer el eclipse dos semanas”.

Cuenta otra leyenda que el Sol y la Luna estaban enamoradísimos, pero Dios les dividió el trabajo: a la luna, le ordenó iluminar la noche y al sol, el día.

Desde entonces la luna llora amargamente, pero cada tanto se reencuentran y se besan. Ese es el momento en el que se produce el eclipse (y de ahí el “eclipse de amor”).
Fuente: nexofin.com

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