Macri y los gobernadores: los límites de un acuerdo pensando sólo en el dólar

El gobierno busca darle un mensaje directo a los “mercados” y logró que una decena de jefes provinciales saliera a respaldar el recorte del déficit para marcar el fin de semana político frente a otra trepada electrizante del dólar. En la andanada de declaraciones confluyeron nombres del peronismo, de fuerzas provinciales y del propio oficialismo. Cinco gobernadores del PJ aportaron lo suyo: el cordobés Juan Schiaretti, el salteño Juan Manuel Urtubey, el sanjuanino Sergio Uñac, el entrerriano Gustavo Bordet y el chaqueño Domingo Peppo. Sin embargo, parece insuficiente limitar la negociación al Presupuesto, ya que la previsibilidad es también una construcción política. Todo rápido, aunque sigue abierta una pregunta: ¿está en discusión un acuerdo presupuestario o se intenta un consenso más amplio? La respuesta sería el mayor mensaje, si se produce a tiempo y no se agota en un gesto de coyuntura.
Todos, el gobierno y los jefes provinciales, parten de una radiografía elemental que exhibe realidades convergentes: la batalla comercial desatada por Estados Unidos a escala mundial, un panorama regional delicado –especialmente por el cuadro económico y político de Brasil- y las debilidades argentinas, que potencian como en ningún otro lado los efectos internacionales. Resulta claro que puede trabajarse sólo sobre la situación local, para amortiguar el temblor. No sería poco.

El Presidente, al menos en el discurso, limitó su mensaje a un punto del desafío más amplio. Dijo, frente a un precio del dólar que se disparaba por encima de los 29 pesos: “Cuando prometemos que vamos a achicar el problema del déficit, que los mercados lo discuten, les decimos que sí, lo vamos a hacer”. Ese fue, después, el tono del gesto brindado por los gobernadores, inquietos además por sus propios distritos. Hablaron de la necesidad de acuerdos y consensos para cumplir con la meta de achicar el rojo al 1,3 por ciento el año que viene. Hasta allí, todo remitiría al Presupuesto y al necesario entendimiento para que pase la prueba del Congreso.

La sucesión de declaraciones en esa línea fue el resultado de diversas gestiones, con protagonismo del ministro del Interior, Rogelio Frigerio en las conversaciones con gobernadores y contactos con referentes peronistas especialmente pero no sólo en el ámbito legislativo, algo que ya podía vislumbrarse en las conversaciones informales previas al informe de Marcos Peña, el jueves, en el Senado.

En la andanada de declaraciones confluyeron nombres del peronismo, de fuerzas provinciales y del propio oficialismo. Cinco gobernadores del PJ aportaron lo suyo: el cordobés Juan Schiaretti, el salteño Juan Manuel Urtubey, el sanjuanino Sergio Uñac, el entrerriano Gustavo Bordet y el chaqueño Domingo Peppo. También, dos provinciales: el misionero Hugo Passalacqua y el rionegrino Alberto Weretilneck.

Otros dos renglones, vinculados de un modo u otro a los jefes provinciales peronistas, fueron escritos por legisladores. Miguel Ángel Pichetto, principal articulador de ese polo del peronismo en el Congreso, y Marcos Lavagna. No fue un movimiento menor el del diputado massista. Habrían existido contactos directos desde el gobierno con Sergio Massa, por intermedio de Frigerio, y varias charlas informales previas con otros hombres del oficialismo, entre ellos Emilio Monzó, para intentar alguna recuperación del diálogo perdido en el clima de trincheras.

También fueron anotados datos para la lectura política desde las filas oficialistas. María Eugenia Vidal salió de entrada a plantear la necesidad de un acuerdo para cumplir las metas de recorte del déficit. Colocada en primera línea, la gobernadora es parte además del análisis más crudo en la mesa más cercana a Macri. Tampoco tardaron en agregar sus declaraciones dos referentes de la UCR: el mendocino Alfredo Cornejo, que gobierna el distrito de mayor peso en manos radicales y preside la conducción partidaria, y el jujeño Gerardo Morales. Los dos se alternan en algunas de las citas políticas con el Presidente.

La crisis cambiaria, como antes había insinuado la dura batalla por las tarifas, provocó un fuerte cambio del tablero político. Alteró y aceleró discusiones incluso en el ámbito doméstico del oficialismo. Las respuestas, de diversa magnitud, fueron parciales o disociadas, como la búsqueda de gestos políticos atados a las tensiones del día a día.

El acuerdo con el FMI constituye un respaldo relevante, considerando el volumen en dólares y el componente político más amplio a nivel internacional. Pero, tal como se ocupan de destacar políticos y economistas experimentados, no constituye en sí mismo un programa de estabilización. Tampoco lo sintetiza el compromiso de ir transitando hacia el equilibro fiscal, elemento central de las negociaciones entre el gobierno y las provincias, aunque insuficiente si es restringido a un acuerdo presupuestario.

Parece evidente en otros movimientos del gobierno que su andar es más heterodoxo, aunque no se reflejaría en la amplitud del punteo a tratar con la oposición. Algunos datos que asoman: se ha flexibilizado de hecho el horizonte de las paritarias, está en discusión aunque parece un hecho que el ajuste tarifario será más atenuado, se analiza también con lupa el cuadro impositivo, existen versiones sobre una reconsideración de temas puntuales como el precio de los combustibles, se suceden conversaciones –con gobernadores, en primer lugar- para atenuar la poda en obras públicas.

Son, en conjunto, síntomas de una preocupación de fondo sobre la retracción de la economía pronosticada para lo que resta del año. Se trataría, en todo caso, de evitar una caída de la actividad y el consumo irreversible en la perspectiva del año que viene. Como sea, cada uno de los rubros referidos supondría en el mejor de los casos el desarrollo de tratativas parciales, sectorizadas.

En el caso específico del Presupuesto, se suma una cuestión de tiempos. Las conversaciones con los jefes provinciales, en caso de madurar, redondearían un proyecto que estaría transitando el Congreso recién en un par de meses. En cambio, si se entiende el compromiso como un exclusivo mensaje a los “mercados”, todo resultaría más vertiginoso y, tal vez, de rápido consumo.

Habrá que ver si los movimientos del gobierno y la respuesta de los gobernadores superan la categoría de reflejos frente al dólar. Si el punto que está en discusión es una respuesta a la incertidumbre, la fórmula debería combinar objetivos expresos y sustento amplio como ingredientes esenciales. En buena medida, la previsibilidad es una construcción política.
Fuente: analisisdigital.com.ar

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