¿Por qué son subversivos los textos de la Biblia?

Una de las muletillas repetidas por el Papa Bergoglio para provocar un cambio en la Iglesia Católica es el retorno brutal, material y desafiante a la letra misma de los Evangelios y de los otros escritos del Nuevo Testamento.

Tomemos en cuenta dos hechos. Primero: hasta Lutero, los textos de la Biblia eran totalmente desconocidos por los fieles cristianos. La única lengua oficial de la Iglesia era el latín y sólo sabían latín los académicos y sabios y la nobleza rica.

El primer acto de rebeldía de Lutero fue traducir el Nuevo Testamento del latín, que a su vez era una traducción del griego, al alemán, que era en realidad el idioma del pueblo, diversificado en múltiples dialectos, algunos todavía hablados hoy.

Con excepción de algunos textos reglamentarios copiados en los monasterios, no había ningún libro escrito en alemán. Lutero es el primer escritor en alemán y equivale a lo que es Cervantes referido a la lengua española, para esa importante población germano hablante del centro europeo.

Después de su ruptura con el Papa, terminó de traducir todos los libros de la Biblia. Para hacer ese trabajo, Lutero tuvo que ir a oír hablar a los campesinos, inventar una ortografía e incluso inventar palabras. Además de padre de la Reforma, Lutero es el padre de la lengua germana.
javier solis

Agreguemos que pocos años antes Johannes Gutenberg había inventado la imprenta. En los años sucesivos, en las escuelas de todos los niveles del Sacro Imperio Romano Germánico, el único libro de texto era la Biblia.

La doctrina oficial eclesiástica establecía que los fieles ignaros no debían leer la Biblia porque no la entendían y sólo la podían conocer a través de la interpretación que les daban los sacerdotes.

Todos los ritos, liturgias y textos piadosos, como el Padre Nuestro, el Ave María o las Letanías los recitaba el pueblo de memoria en latín, sin saber lo que estaban diciendo. Y en misa, por supuesto nadie entendía nada porque hasta los curas eran iletrados. Este paradigma no cambió hasta 1951 con la Reforma Litúrgica de Pío XII.

Segundo hecho: también gracias a Pío XII, los teólogos católicos, muy bien vigilados, por lo demás, tuvieron libertad de aplicar a los estudios bíblicos el método histórico-crítico desde 1943. Lo habían iniciado los protestantes alemanes desde el siglo 19.

Los textos, fragmentos, traducciones, manuscritos, comentarios antiguos, es decir, todo material bíblico podía ahora ser tratado con la misma rigurosidad científica, incluyendo su contexto social, político, económico y linguístico, como cualquier otro objeto de análisis histórico.

Desde ese momento la Biblia no ha hecho más que depararnos sorpresas. Añadiduras dos y tres siglos después, interpolaciones, copias mal hechas, errores ortográficos sintácticos, han salido a relucir.

Ha habido casos que concluyen que el texto verdadero dice todo lo contrario de la traducción latina y de copias de la Edad Media.

Cada texto bíblico tiene una historia, un autor, una lengua original, una comunidad que lo engendró, un objetivo de difusión, es decir, no son textos abstractos, inmutables ni soplados por el Espíritu Santo a un escriba que generalmente aparece como su autor, pero que o no existió o es de dos siglos antes.

Hoy, cada coma, cada punto, cada acento de los textos bíblicos ha sido objeto de centenares de horas de estudio por parte de paleógrafos, filólogos, lingüistas, historiadores, químicos, físicos armados con cámaras infrarrojas y rayos láser, para acercarse lo más posible a su significado original y saber, por caso, qué dijo Jesús, a quién se lo dijo, por qué uso esa palabra y no el sinónimo, etc.

Pues estos dos hechos están en la base de la confrontación provocada por Bergoglio.

Resulta que la estructura de la Iglesia, su organización, sus concepciones morales, su cuerpo doctrinal no aparecen por ningún lado en los textos literales de los cuatro evangelios. Ya lo había dicho Lutero.

Por el momento están en la cresta los divorciados y vueltos a casar. Pero hay muchas otras cosas, entre ellas el tema mujer, que en la Iglesia es central porque allí oficialmente la mujer es inferior al hombre. Ya hablamos en una columna anterior sobre María Magdalena. No son asuntos de poca monta.
Fuente: crhoy.com

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