Temblar en la altura para que el Monumento pueda entrar en obra

Si el jueves pasado hubiera empezado a llover 10 minutos antes, esta nota no estaría publicada. Es que los 14 obreros de Ribrón que hasta la semana próxima estarán montando la estructura de andamios para que arranquen las obras de restauración en el Monumento a la Bandera no habrían podido trabajar.

No pueden hacerlo con lluvia ni con viento, ya que deben trepar hasta 75 metros. Aun a los que tienen larga experiencia en torres e incluso pertrechados con todos los implementos de seguridad —arnés, dos cabos de vida, casco, borcegos, guantes y lentes—, el trabajo en semejante altura los sigue asustando un poco.

“No entendés por qué tu esqueleto sigue entero de tanto que temblás”, se sincera uno de los operarios con más años de oficio, Luis Vallejos (41). Pero así es el trabajo y lo asumen. No importa, dicen, que se trate del Monumento, todo un emblema patrio, o de cualquier otro edificio. Excepto cuando los chicos de las escuelas que van a prometer lealtad a la bandera los saludan desde abajo, fascinados por esos hombres araña con ropa de trabajo que, sin ser superhéroes, igual se la bancan.
Se trata de un tramo preliminar del proyecto (ver aparte), que arrancó el 6 de marzo pasado, para que apenas pase el Día de la Bandera pueda comenzar la obra civil, primera etapa de la intervención sobre el Monumento, en la que el Estado nacional invertirá más de 147 millones de pesos.

Buena parte de la restauración se realizará tras tener un “cateo y diagnóstico” de las placas de mármol travertino que recubren la torre y el Propileo, lo que permitirá reparar filtraciones, grietas y daños en la estructura de hormigón.

Justamente por eso, por primera vez desde su construcción, hace 60 años, hoy las cuatro caras de la torre se pueden ver totalmente cubiertas por andamios.

Diálogo

Encaramados sobre esa estructura de 75 metros trabajan catorce hombres, cuyas edades oscilan entre los 21 y los 49 años. En una pausa para el almuerzo, los muchachos ceden unos minutos de su descanso para charlar con La Capital.

Sólo se trata de una “primera vez” en altura para Ignacio Martinazzo (23), el resto está más curtido. ¿O no tanto?

“Y… te tenés que adaptar: hay lugares que se mueven mucho; por Córdoba, por ejemplo, todo se sacude más”, cuenta Cristian Lencina. “Porque miedo tenés siempre”, aporta Daniel Zarini. “Sí, el miedo siempre está”, admite Cristian. “Vértigo y cagazo tengo yo, pero lo hago igual”, se sincera José Jerez . Luis Vallejos reconoce que ese es el sentimiento, pero jura que trata de “disimularlo”.

Adicional

Por hacer esa tarea en altura los obreros cobran un adicional del 15 por ciento, porcentaje que valoran pero que creen debería ser mayor “porque lo que va en juego es la vida”. Y por cierto “es un trabajo que no todo el mundo está dispuesto a hacer”, dice Ignacio. “Se cuentan con los dedos de la mano los que pudieron subir ahí”, agrega Daniel.

Así y todo, los trabajadores de Ribrón tampoco dramatizan. “Tomamos todas las precauciones y usamos todos los elementos de seguridad”, cuenta José. “Respeto a la altura” significa “ver dónde y cómo se pisa” y hacerlo con mucha tranquilidad, “tramo por tramo”, evitando golpearse.

¿Y hay algo especial en esto de trabajar sobre el Monumento a la Bandera?, pregunta el diario. En principio los muchachos aseguran que no, que es un “trabajo como cualquier otro”. Si se tratara de “la cancha, en cambio”, otro sería el cantar. El sentido de pertenencia, es claro, se referencia más en los colores futboleros que en el celeste y blanco.

Detalles

Después, de a poco, van contando sin embargo algunas particularidades. Por ejemplo, la de estar parados sobre un andamio a 60, 70 metros de altura, y desde allí poder ver a los miles de nenes de 9 años de todo el país que van a prometer lealtad a la bandera con sus escuelas.

“Todos nos miran y saludan con las manos”, cuenta Emanuel Ponce de León. “Fue lindo, hoy día, estar ahí arriba con lo del juramento”, agrega.

El hecho más especial fue que Matías Camaño, otro de los operarios, estuvo trabajando en altura mientras su hija de cuatro años, Valentina, paseaba por el Monumento junto a sus compañeros de la escuela Carrasco.

Uno solo de los obreros, Brian Jerez, de 21 años, paradójicamente el más joven del equipo, percibió otra arista especial en el proyecto al que aportan su trabajo.

“Como sea, nosotros vamos a quedar en la historia”, arriesga. Y es verdad, responde este diario: dentro de medio siglo, vaya a saber uno con qué tecnología, alguien podrá leer esta nota en la que Brian, Cristian, Luis, José, Matías, Daniel, Emanuel, Daniel, Ignacio, Eduardo y el único cordobés del grupo, Claudio Gallardo, contaron cómo es trabajar cerca del cielo, en la cuerda más sensible de Rosario.

La principal reforma del tradicional memorial
Tanto el director del Monumento a la Bandera, Hernán Colautti, como su jefe de conservación, Eduardo Arbio, cuentan las horas que faltan para que el arduo proceso de restauración y puesta en valor del sitio más emblemático de Rosario arranque a pleno. Será la principal intervención en el memorial desde que fuera inaugurado el 20 de junio de 1957. En una primera etapa, recordaron, se trabajará sobre el revestimiento externo y se acondicionará toda la estructura interior. Se limpiarán, hidrolavarán, consolidarán e impermeabilizarán las placas de mármol travertino. También habrá intervenciones sobre falencias constructivas que se detecten en techo, piso y escalinatas de la entrada monumental, en espacios interiores de la torre y en el patio cívico y el atrio.
Fuente: lacapital.com.ar

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